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Desde que asumiera por primera vez el bastón de mando en 2019, la administración Jácome se ha caracterizado por el cierre de espacios que ofrecían a los ourensanos o bien acceso a la cultura o bien recursos formativos y administrativos.
Una de sus primeras “víctimas” fue la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC), que funcionaba desde el año 1987, y que cerró sus puertas en 2021. A ella hay que unir el vivero de empresas que ofrecía nueve espacios para emprendedores.
Pero si hay un campo que ha sufrido especialmente el abandono municipal es la cultura. Primero fue el cierre del Museo Municipal y la amenaza de convertirlo en local de hostelería, al que hay que unir el abandono del festival de cine (OUFF), que precisó un rescate de la Diputación, o la clausura de la Universidade Popular en 2021 tras 111 años de clases.
El pasado 15 de enero, el Concello fijó el plazo de alegaciones para la nueva ordenanza termal, prometiendo la apertura de la piscina de As Burgas en dos o tres meses. Sin embargo, nada se sabe y el recinto sigue clausurado cuando hoy, 11 de marzo, se cumplen seis años exactos de su cierre en 2020. Por su parte, el Centro de Interpretación, clave para entender el origen romano de la ciudad, permanece inactivo y en un estado deplorable.
El cierre del Museo Municipal, en funcionamiento desde 1987, es el ejemplo definitivo del desprecio del actual gobierno por la cultura. Tras casi cuatro años y medio de clausura (desde octubre de 2021), la propuesta de reconvertir este edificio en un local de hostelería es el último desplante a un espacio histórico. Este vacío se suma al la cesión del OUFF, dejar de apoyar el festival de teatro FITO, el Corpo a Terra de danza o dejar escapar el Outono Fotográfico.
Hasta el cierre anunciado de La Molinera, este recurso fue la última “víctima” de la administración Jácome, que desmanteló el espacio de los jardinillos del Padre Feijoo hace justo un año, en marzo de 2025, con la excusa del radón. Prometía hacer obras e instalar una cafetería, proyecto del que nada se sabe. Doce meses después, no ofrece ni información turística ni café, puesto que carecen de proyecto para desarrollar en el inmueble, como reconocieron a la oposición.
El Espazo Lusquiños debería haber celebrado en 2025 sus diez años de funcionamiento, pero pasó la efeméride bajo llave, situación que se prolonga desde 2023, cuando cerraba entre promesas de una reforma integral vinculada a un “proyecto súperinnovador”, según el Concello, que nunca se cumplió. El cierre dejó a la intemperie a varias jóvenes bandas que hacían uso de sus locales de ensayo, quienes llegaron a reunir 10.000 firmas reclamando la reapertura.
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