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El caso de la bebé de apenas dos meses que ingresó en la UCI pediátrica el 2 de diciembre de 2022 con un cuadro severo de lesiones incompatibles con un accidente tendrá que resolverse en un juicio oral previsto para junio. Así quedó estipulado tras la audiencia preliminar celebrada ayer en el Penal 1 de Ourense, una cita marcada por la incomparecencia del padre, Julio Alberto G., y la negativa de las defensas a aceptar los hechos que imputa el Ministerio Fiscal.
Según han confirmado fuentes letradas tras la vista, no hubo posibilidad de acuerdo. Los abogados defensores han ratificado que sus clientes “no reconocen el delito”, lo que descarta cualquier sentencia de conformidad y aboca el procedimiento a un juicio donde se examinarán las pruebas de lo que la Fiscalía califica como un caso de maltrato habitual y lesiones graves agravadas por parentesco. “Mi clienta, la madre, defenderá su inocencia; se niega a pactar porque le prometió a su hija que lucharía por recuperarla”, aseguró a la salida Luis Salgado Carbajales. La pequeña está ahora tutelada por una tía materna y reside en Barcelona.
Por su parte, la Fiscalía solicita una condena total de 23 años de prisión para cada uno de los progenitores, Julio Alberto G. y María Jesús T. El Ministerio Público les atribuye la coautoría de un delito de maltrato habitual (por el que pide 3 años) y cuatro delitos de lesiones (solicitando 5 años por cada uno de ellos). Además, reclama la inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad durante cinco años y una orden de alejamiento de su hija por un periodo de diez.
Según la acusación, los padres, “aprovechando la escasa edad de la menor y su incapacidad de ofrecer resistencia”, sometieron a la niña a “golpes y zarandeos violentos de forma reiterada” en el domicilio familiar de Xinzo. Lo que activó las alarmas en el CHUO no fue solo el “bulto en la cabeza” por el que los padres dijeron acudir a Urgencias. La exploración médica reveló un supuesto escenario de violencia sostenida en el tiempo.
El informe pericial recoge que la bebé tenía el cráneo fracturado y sufría hemorragias cerebrales internas, además de una lesión en la médula espinal, con varias costillas rotas y múltiples fracturas en los huesos de ambas piernas. Los forenses destacan la presencia de “fracturas metafisarias en esquina”, una lesión altamente específica y clásica del maltrato infantil, producida por mecanismos de tracción y torsión violenta de las extremidades. El informe de sanidad concluye que la menor tardó 365 días en curar de sus lesiones, habiendo pasado sus primeros 12 días de ingreso luchando por su vida en la UCI.
Frente a la tesis acusatoria, los investigados han mantenido desde el inicio su inocencia. En sus declaraciones durante la instrucción, ambos aseguraron ser “cuidadores con extrema delicadeza” y negaron haber golpeado o zarandeado a la niña. La estrategia de defensa se basa en la presunción de inocencia y en la falta de testigos directos de los hechos. La madre declaró que el día del ingreso notó un “chichón” en la cabeza tras dejar a la niña un momento con su pareja, pero ambos niegan caídas.
Sugirieron que las lesiones podrían deberse a un “aplastamiento sin querer” al practicar colecho o incluso insinuaron la responsabilidad de una vecina con la que dejaron a la niña “unos 20 minutos” días antes. Sin embargo, la Guardia Civil tomó declaración a dicha vecina, quien aseguró que la niña estuvo en el carrito todo el tiempo y no observó nada anómalo.
La defensa alega que la niña acudió a todas las revisiones pediátricas y que nunca se detectó nada hasta el día de urgencias, citando testimonios de familiares que aseguran que “nunca vieron un moratón” y que el padre “estaba loco con ella”.
El informe forense determina que las lesiones son “incongruentes con la ausencia de traumatismo previo de alta energía”. Los expertos señalan que las fracturas craneales bilaterales y las hemorragias internas no se explican por una simple caída accidental o por dormir con el bebé, sino que son “muy sugestivas del síndrome del niño maltratado” o “síndrome de sacudida-impacto”. Además, el hecho de que las fracturas óseas presentaran diferentes estadios de curación indica que los episodios violentos se repitieron en el tiempo, entre finales de octubre y diciembre.
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