Robos en Ourense, un iPhone por un “pico” de cocaína: "Prácticamente son siempre los mismos”

REINCIDENCIA DELICTIVA

Los juzgados y la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Ourense lidian a diario con delincuentes reincidentes que fuerzan establecimientos o vehículos sin ninguna planificación, motivados únicamente por el síndrome de abstinencia.

Una sesión de terapia grupal llevada por Cruz Roja en el centro penitenciario de Pereiro de Aguiar.
Una sesión de terapia grupal llevada por Cruz Roja en el centro penitenciario de Pereiro de Aguiar. | ARCHIVO

Es viernes. El primer juicio de la jornada se cierra rápidamente con un acuerdo de conformidad. El acusado admite que robó en un negocio. No lo hizo para perjudicar a los dueños, no fue nada personal, el único objetivo que tenía era calmar el mono. A la salida de la vista no muestra ninguna señal de arrepentimiento, más bien todo lo contrario: “No tenía otra alternativa”, confiesa resignado.

En lo más hondo sabe que la guerra contra la droga está perdida. Fue rindiéndose en cada batalla, doblegado por su incapacidad para rechazar la siguiente dosis. Y no, tampoco siente que deba pedir perdón por los robos que comete para drogarse a una sociedad que no ha sabido rescatarlo de este infierno.

Su resignación contrasta con la de otro acusado que realizó hechos similares y con el mismo fin. En su caso accedía al interior de los coches para apoderarse desesperadamente de cualquier objeto o moneda que pudiese intercambiar por unos gramos.

Aunque está a punto de admitir otro robo -su ADN lo delató-, esta nueva condena no es un problema para él, ya que está a unas horas de salir de prisión. Por fin verá la luz al final del túnel en el que entró a los 42 años tras el fallecimiento de su hija.

Esta pérdida le hizo juntarse con malas compañías que le acercaron a las drogas hasta el punto de engancharse a ellas y sentirlas como su mejor -o más bien- única compañía. “Provoca que hagas cosas que jamás harías y cuesta mucho dejarla”, confiesa.

Su paso por la cárcel le ha servido para rehabilitarse gracias a su trabajo en la cocina. Las muestras del pelo demuestran que ningún resquicio de droga queda tras semanas entre fogones. Ya está preparado para volver a la vida en libertad. Nada más lejos de la realidad, su recuperación es un espejismo. La Policía Nacional lo detiene semanas después por distintos robos y vuelve a prisión.

Múltiples antecedentes

Este perfil de acusados se ha convertido en el día a día de los juzgados. La gran mayoría de los que cometen delitos contra el patrimonio, como robos o hurtos, cuenta con antecedentes penales y, en algunos casos, son tantos los folios que se requieren para recopilarlos que se quedan cerca de formar un tomo. La reincidencia gira casi siempre alrededor de un mismo eje: la droga.

“Tenemos un tipo de delincuencia muy específica”, señaló el comisario jefe de la Policía Nacional de Ourense, Cástor Vázquez. Si nos acogemos a las estadísticas, solo en el primer trimestre del año se denunciaron en la provincia 550 delitos relativos a robos, hurtos o sustracciones de vehículos.

Un investigador que se dedica a resolver robos apunta a la reincidencia en este tipo de delitos: “El 90% de los ‘clientes’ que tenemos son habituales y los hechos casi siempre están relacionados con el consumo de drogas”.

Otro agente explica que a muchos de ellos ya los conoce por el nombre y apellidos completos de tanto detenerlos. Incluso en algún arresto, el ladrón le ha llegado a preguntar: “¿Otra vez tú?”.

El lugar de encuentro o destino de estos delincuentes es casi siempre el mismo: zonas de la ciudad donde pueden comprar su “alivio”. Especialmente lo que un juez definió como el “supermercado de la droga”: los narcopisos de Covadonga. Muchas veces estos puntos se convierten en sitios donde se forman alianzas para conseguir dinero para una dosis. En este contexto, quien tiene un coche se convierte en el “rey”. Como el único niño que tiene un balón y decide cuándo y quién juega el partido de fútbol. Al fin y al cabo, el turismo es un medio que les ayuda a ampliar el caladero de objetivos en busca de los más vulnerables y acercarse de esta forma a la siguiente dosis.

Sin embargo, estos “robos deluxe” no son los habituales. La mayoría se apropia de lo que puede sin darle muchas vueltas al cómo y al dónde. Fuerzan puertas de negocios y se apoderan de la recaudación o rompen ventanillas de coches y se llevan lo que encuentran, desde monedas hasta gafas de sol. Todo sirve en busca de la ansiada dosis. Su acción delictiva no se rige por ningún plan, no es tampoco digna de contarse en alguna película o libro. “No son delincuentes especializados, van dejando pruebas por donde pasan”, señala un agente.

Eso sí, la mayoría, según explica otro investigador, lo tiene claro: no pueden usar en los robos ni violencia ni intimidación porque eso agrava la pena y por ende aumenta las posibilidades de entrar en prisión provisional. Un conocimiento que algunos aprenden en lo que un abogado de la ciudad define como “derecho carcelario”: conversaciones en la prisión donde cada uno cuenta su experiencia.

Un "pico", un robo

Las ansias por una dosis provocan que los ladrones se quieran deshacer rápidamente de los objetos robados para conseguir droga, por lo que los malvenden o hacen intercambios por un valor mucho menor. “Esta gente roba por un ‘pico’ porque se apoderan de un iPhone y lo venden por un ‘pico’, se llevan un coche y lo venden por un ‘pico’”, señala el investigador. Al respecto, explica que esto se traduce en que para cada dosis que necesitan cometen un robo. “Prácticamente son siempre los mismos”, incide.

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