Sabela Yebra-Pimentel López, jueza de violencia de género en Ourense: “Sorprende ver a jóvenes de 18 años reproduciendo patrones machistas”
ENTREVISTA
La magistrada hace un balance de los primeros seis meses de la plaza 1 de la Sección de Violencia sobre la Mujer del Tribunal de Instancia de Ourense, que abarca todos los casos de VioGén de la provincia a excepción de los que ocurren en los partidos judiciales de O Barco y Trives
Medio millar de procedimientos penales en apenas seis meses resumen el ritmo de trabajo de Sabela Yebra-Pimentel López (A Barrela, Lugo, 1983). Jueza desde el año 2015, asumió a comienzos de año el reto de ponerse al frente del nuevo Juzgado exclusivo de Violencia sobre la Mujer de Ourense, con competencia en toda la provincia a excepción de los partidos judiciales de O Barco y Trives. Tras este primer semestre de rodaje, la magistrada dibuja una radiografía de la criminalidad machista actual, donde el acoso digital marca el día a día, las parejas jóvenes reproducen patrones que se creían superados y el mayor obstáculo para las víctimas sigue siendo esa profunda dependencia emocional que las anula poco a poco, dejándose atrapar por la violencia igual que la rana que perece en la “pota” por no notar que el agua hierve a fuego lento.
Pregunta. Es la primera titular del Juzgado exclusivo de Violencia sobre la Mujer del Tribunal de Instancia de Ourense. ¿Qué salto cualitativo aporta esta especialización frente al modelo anterior?
Respuesta. El principal salto cualitativo es que tiene competencia exclusiva y excluyente para el conocimiento de los delitos de violencia de género y violencia sexual cometidos sobre víctimas que tengan su domicilio en el ámbito territorial de la comarcalización del juzgado. Es una sección con competencia territorial comarcalizada que se extiende a los partidos judiciales de Ourense, Bande, Celanova, Ribadavia, Carballiño, Xinzo de Limia y Verín. A diferencia del modelo anterior, donde el juzgado compaginaba la violencia de género con otros delitos comunes de instrucción, esta nueva sección asume de forma única los delitos de violencia sobre la mujer y violencia sexual para casi toda la provincia de Ourense. Esta dedicación íntegra aporta dos grandes ventajas: por un lado, una mayor especialización y calidad en las resoluciones, lo que se traduce en una mejor atención a la víctima; y por otro, una mayor seguridad jurídica. Al trabajar siempre el mismo equipo -la magistrada titular y tres fiscales especializadas, Pilar Manso, Maria Melero y Ana Delgado- se consolida una homogeneidad de criterios que permite a los abogados prever con mayor certeza el rumbo legal de los asuntos.
P. La puesta en marcha del juzgado no estuvo exenta de polémica porque instruye casos de casi toda la provincia. La abogacía advirtió que esto podría disuadir a las víctimas a la hora de denunciar. ¿Se ha cumplido ese temor?
R. Los datos nos dicen que no. Para neutralizar el obstáculo de la distancia, ofrecemos a las víctimas dos alternativas: declarar por videoconferencia desde su juzgado local o desplazarse a Ourense, para lo cual la Xunta costea un servicio de taxi a quienes carecen de recursos económicos. Sin embargo, es innegable que la lejanía sigue suponiendo una barrera psicológica y logística. Sí que es cierto que puede tener algunos inconvenientes, especialmente para las víctimas que residen a muchos kilómetros, puesto que pueden llegar a ver al juzgado como algo lejano cuyo funcionamiento desconocen y quizás alguna víctima que no tenga muy determinada su voluntad de denunciar pues decida desistir debido a los inconvenientes logísticos que ello plantea.
P. Tras estos seis primeros meses de rodaje, ¿qué balance hace de la carga de trabajo y del funcionamiento del juzgado?
R. El funcionamiento hasta el momento es muy positivo. Tiene una carga de trabajo hasta el momento asumible, sin perjuicio de que es elevada. Y tanto las fiscales como yo como magistrada o los funcionarios lo servimos con mucha dedicación y vamos gestionando y tramitando los asuntos con bastante celeridad. Si bien no puedo dejar de reseñar que ya se le ha empezado a poner el primer palo en la rueda al juzgado. Por decisión de la Dirección General de Tramitación y el letrado coordinador, se ha atribuido a nuestros funcionarios la tramitación de delitos leves que corresponden a los juzgados de instrucción. El juzgado funcionará con eficacia siempre que no se entorpezca nuestra labor sobrecargando al personal con funciones ajenas a la violencia sobre la mujer, lo que a la larga acabará ralentizando la atención a las víctimas.
P. En cuanto al volumen de denuncias, ¿estamos en cifras previsibles o le ha sorprendido la estadística?
R. La carga es elevada, unas cuatro o cinco denuncias diarias, pero no me ha sorprendido porque ya lo esperaba tras estudiar los datos previos. Desde enero llevamos unos 500 asuntos penales (incluyendo 31 agresiones sexuales, unos 175 quebrantamientos de condena y una causa muy compleja de trata) y alrededor de 50 asuntos civiles conexos, como divorcios o custodias. Prevemos cerrar el año superando los mil procedimientos penales y el centenar de civiles; son cifras altas, similares a las que tenía Vigo justo antes de que se viesen obligados a crear una segunda plaza judicial.
P. Las nuevas tecnologías y las redes sociales aperturaron otros escenarios. ¿De qué manera está transformando el entorno digital la forma en la que se ejerce la violencia machista o sexual?
R. Lo ha transformado hasta el punto de que los tradicionales delitos de maltrato físico en el interior del domicilio representan ahora casi una minoría. Actualmente es el pan nuestro de cada día: resulta extraño ver un caso de coacciones o amenazas que no incluya acoso por WhatsApp, redes sociales o control a través de la geolocalización del teléfono. Además, son muy habituales los delitos contra la intimidad tras una ruptura, donde el agresor amenaza con difundir -o difunde de manera efectiva- vídeos de contenido sexual de la víctima en grupos con familiares y vecinos. La única parte positiva de esta digitalización es que los medios tecnológicos dejan un rastro documental que facilita enormemente la prueba del delito.
P. ¿Están los jóvenes reproduciendo patrones que creíamos superados?
R. Lamentablemente sí. Aunque el grueso de los asuntos no corresponde a esta franja de edad, estamos viendo un número importante de procedimientos entre parejas muy jóvenes, en torno a los 18 o 20 años. Es algo que sorprende profundamente: mientras que las generaciones de 60 o 70 años fueron educadas en una cultura machista, estos jóvenes han crecido en una sociedad y unos medios que promueven activamente la igualdad. ¡Qué reproduzcan estos patrones resulta muy llamativo! Además, en el juzgado ya hemos instruido varios casos concretos de agresiones machistas donde el agresor es mayor de edad y la víctima es una menor.
P. Son agresiones que ocurren en la intimidad, sin testigos. ¿Cuáles son las principales dificultades probatorias?
R. Aunque estos delitos se cometen en el ámbito íntimo, las dificultades probatorias son cada vez menores. La tecnología facilita enormemente nuestra labor: es muy frecuente que las víctimas aporten grabaciones de audio o vídeo realizadas con el móvil durante las amenazas o agresiones. Además de esta prueba documental, la violencia se corrobora mediante partes médicos de lesiones, informes de médicos forenses, valoraciones periciales de secuelas y testimonios de familiares, muy especialmente el de los hijos menores que conviven con esa violencia.
P. Los fiscales advierten sobre la retirada de denuncias. ¿Se encuentran a menudo con esta situación o con el incumplimiento de las órdenes de alejamiento?
R. Es sumamente frecuente; entre tres y cuatro de cada diez víctimas intentan dar marcha atrás. Como legalmente pierden el derecho a no testificar si ya declararon una vez, lo que hacen es matizar su versión en el juicio para restarle gravedad a los hechos, lo que provoca muchas sentencias absolutorias. Además, sufrimos un altísimo índice de quebrantamientos de condena de mutuo acuerdo motivados por la profunda dependencia emocional: de las 175 causas que llevamos por este delito, aproximadamente la mitad son consentidos por la propia víctima.
P. Sabiendo que el tiempo es vital y existe riesgo de arrepentimiento, ¿en qué márgenes de respuesta se mueve el juzgado para proteger a la víctima?
R. Buscamos una respuesta casi inmediata a través de las diligencias urgentes y los juicios rápidos. En un plazo de uno a tres días recabamos las pruebas y celebramos el juicio. Si el acusado reconoce los hechos, dictamos sentencia de conformidad en el momento (llevamos 42 desde febrero), activando el alejamiento automático. Esta inmediatez es vital: impide que la víctima tenga tiempo de desdecirse y le ahorra el brutal desgaste psicológico de mantener la acusación durante meses. Si no hay conformidad, solemos dictar las órdenes de protección y las medidas civiles urgentes al día siguiente, incluyendo las medidas civiles urgentes sobre hijos menores o domicilio.
P. ¿Cómo valora la coordinación con las fuerzas de seguridad y el resto de operadores jurídicos?
R. La verdad es que la coordinación con las fuerzas policiales es óptima. El contacto tanto con la Comisaría de Ourense y especialmente con la UFAM, con la unidad de familia y atención a la mujer, es óptimo. Los policías que trabajan en ella son personas súper comprometidas y preparadas, siempre dispuestas a cumplir las diligencias que les encargue el juzgado y, además, tengo constancia de que se encargan con un celo extremo del seguimiento de los casos de violencia y de la atención a las víctimas. Lo mismo digo de la Guardia Civil que dedica 16 efectivos al seguimiento de los casos de violencia. Cualquier víctima de violencia que solicite intervención policial va a tener una respuesta inmediata y un seguimiento posterior de su caso.
P. Detrás de cada atestado hay una mujer en una situación límite. Por su experiencia, ¿qué ocurre antes de que den el paso definitivo y cuáles siguen siendo sus mayores barreras?
R. En el juzgado observamos dos realidades. Por un lado, gracias a una mayor concienciación social, cada vez vemos a más mujeres que denuncian a la primera agresión; no están dispuestas a tolerarlo. Pero, por otro, seguimos recibiendo a víctimas que arrastran años de maltrato. Para ellas, la barrera principal es la enorme dependencia emocional. La violencia machista funciona como la teoría de la rana hervida: si metes a una rana en agua hirviendo, saltará al instante para salvarse; pero si la metes en agua fría y la calientas poco a poco, se irá acostumbrando al calor hasta que, cuando el agua hierva, estará tan agotada que será incapaz de escapar. En el maltrato ocurre lo mismo. Si la relación arrancara el primer día con una agresión brutal, la mujer huiría y cortaría el vínculo. Sin embargo, es un proceso muy lento y sutil donde el maltratador va minando progresivamente su autoestima y aislándola. Cuando la violencia es evidente e insostenible, la víctima ya está paralizada, totalmente sometida y sin fuerzas para defenderse. Cuando finalmente denuncian, suele ser porque han llegado a una situación límite tras una agresión gravísima o porque sus propios hijos las empujan a dar el paso. Sin embargo, esta profunda destrucción psicológica -a la que a menudo se suma una fuerte dependencia económica que las ayudas sociales no logran suplir por completo- explica por qué tantas víctimas acaban retirando la denuncia o volviendo a convivir con su maltratador. Son mujeres que llegan con la autoestima destrozada, creyendo a veces que su vida no tiene valor sin esa persona, y cuyo proceso de recuperación requiere muchísima ayuda psicológica.
P. El balance de criminalidad del primer trimestre de este 2026 muestra un descenso global de las infracciones penales, pero paradójicamente hay un aumento de los delitos sexuales. ¿Percibe un cambio en el perfil de las agresiones o es que ahora hay mayor concienciación a la hora de denunciar?
R. Sin ninguna duda, se debe a una mayor concienciación. Las mujeres, especialmente las más jóvenes, han tomado plena conciencia de su derecho a la libertad sexual y ya no están dispuestas a soportar conductas que antes, tristemente, se toleraban, como los tocamientos inconsentidos. Ahora se denuncian porque existe una mayor confianza en la justicia, facilitada también porque en estos delitos no suele existir esa dependencia emocional, ya que generalmente no hay un vínculo sentimental previo. En la actualidad instruimos 31 causas por violencia sexual, de las cuales cinco o seis son violaciones. En este sentido, hay que desterrar un mito: el prototipo de agresión sexual ya no es el del desconocido que asalta a una mujer por la calle; esos casos son anecdóticos. La gran mayoría de las agresiones se producen en otros contextos, a veces con las facultades mermadas por el consumo de alcohol, y lo que se acaba dirimiendo judicialmente es la existencia o no de consentimiento.
P. Instruir a diario la violencia machista más cruda conlleva una carga emocional innegable. En el terreno personal, ¿cómo lidia con ese contacto constante con el miedo y el sufrimiento?
R. Tengo una enorme capacidad para separar la vida personal de la profesional. Es lo único que me salva de las situaciones tan espeluznantes que veo a diario. Cuando me voy a casa, desconecto totalmente; si permitiera que el juzgado influyera en mis relaciones familiares o sociales, no podría tener una vida normal. Vería el mundo como un lugar peligroso y muy triste, y me niego a hacerlo porque sé que no es así. Nosotros solo vemos una parcela muy concreta de la realidad. Aunque hay muchos que lo son, la mayoría de los hombres no son violentos con su pareja. No puedo mirar a un hombre y pensar que es un potencial maltratador o un agresor sexual, a pesar de ver a muchos cada día. Para mí son esferas distintas y las separo por completo. El día que me empiece a influir a nivel personal, tendré que dedicarme a otra cosa.
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