Samuel Iribértegui, misionero salesiano: “Me fui con 17 años, y no conocía Ourense cuando tuve que volver”
63 AÑOS DE SERVICIO
Lo primero que uno hace al llegar allá es aprender a escuchar. No ir con ínfulas de saberlo todo, sino más bien aprender; es la única manera de poder hacer un trabajo que tenga sentido, explica el misionero que pasó 63 años ejerciendo en Venezuela
Samuel Iribértegui puso fin a su experiencia misionera tras 63 años ejerciendo en el sur de Venezuela, país al que llegó con apenas 17 años. Una vida que ha pasado en la cuenca del río Orinoco visitando a distintas comunidades indígenas, y donde “los ríos son las carreteras”. De vuelta en Ourense, donde reside con la comunidad salesiana, afirma no reconocer la ciudad que dejó atrás para irse a ayudar al otro lado del mundo.
Pregunta. ¿Por qué se decidió a ser misionero?
Respuesta. Yo era muy joven, me fui en 1957, con 17 años. Entonces, ni siquiera pensaba lo que significaba eso. En la congregación, después del noviciado, pidieron personal para ir a ayudar a varias partes del mundo, entre ellas Venezuela, y me anoté. En ese momento, con 17 años, ¿qué criterio puedes tener? Pero con entusiasmo fui asimilando la cultura del país.
R. Primero me desarrollé en Caracas, estudiando Filosofía y conociendo el país. Después, en 1964, me fui para Italia a estudiar Teología y me ordené sacerdote cuatro años después. Luego regresé a Venezuela y allí estuve hasta la vuelta, hace seis años.
P. ¿Cómo ha sido dejar esa zona después de tanto tiempo?
R. Ha sido complicado. Por un problema de salud tuve que interrumpir, porque no había posibilidad de conseguir las medicinas, las cosas allá estaban complicadas. No hubo más remedio que tomar la decisión y la verdad es que me costó inmensamente.
P. ¿Cuáles eran sus funciones y en qué consistía su trabajo?
R. Allí la vida es completamente distinta a la de las ciudades; los ríos son las carreteras, uno anda por río. Lo que hacía era visitar las comunidades indígenas que están localizadas, en su mayor parte, en las orillas de los ríos. El Orinoco es el principal, que pasaba por el poblado donde estábamos, junto al Atabapo y otro que venía de Colombia, el Guaviare; ahí se juntaban.
R. Lo primero que uno hace al llegar allá es aprender a escuchar. No ir con ínfulas de saberlo todo, sino más bien aprender; es la única manera de poder hacer un trabajo que tenga sentido. Sobre todo, he acompañado a la gente en las dificultades que hay por allá. La alimentación básica se consigue porque el río es la nevera, es la fuente de la alimentación, pero otras cosas fallan.
R. Con el pasar del tiempo las cosas fueron mejorando. Al principio, en el poblado donde estábamos no había luz. Después pusieron luz tres horas al día, de 6 a 9 de la noche, y poco a poco fue cambiando hasta tener luz completa e incluso llegó la televisión. Los pasos fueron dándose poco a poco.
P. ¿Cómo cambió esa persona que llegó a Venezuela en el 1957 respecto a la que volvió a Ourense?
Cambió totalmente. Uno está completamente identificado con la gente de allá, por eso me costó inmensamente volver. Tras tantos años viviendo y trabajando allá, uno ya se identifica con la idiosincrasia de la gente, la conoce, y con gusto desarrolla su trabajo allá.
Uno no trabaja para ver los éxitos del trabajo de la misión. Hace el aporte, el granito de arena, lo que puede. No es que vaya imponiendo criterios, sino que va escuchando a la gente, y he aprendido más de esa gente de lo que podía haber enseñado
El cambio ha sido totalmente diferente al venir aquí. Bajo el punto de vista de las comodidades, tienes acceso a cosas que allá no tenías, pero tienes la mente puesta todavía allá; me costó bastante asimilar la llegada aquí.
P. ¿Y cómo encontró Ourense a su vuelta?
R. Desconocido, yo conocía poco de Ourense. De pequeño estuve aquí con mis abuelos, nosotros hacíamos la vida entre Ribadavia, Carballiño y Ourense, pero era un muchacho. Lógicamente la ciudad ha cambiado y todo ha cambiado.
R. No hubiera venido si no hubiera sido por el aspecto de la salud, me hubiera quedado allá. Uno ha vivido toda la vida allá.
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