LAS EUROPAS DE IDA Y VUELTA
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MÁS DE 500 PERSONAS CONCENTRADAS
Ourense no es una ciudad ajena a Venezuela, en la provincia residen 11.042 nacidas en el país, siendo la nacionalidad extranjera más numerosa con diferencia. Aquí han rehecho sus vidas, han abierto negocios, creado asociaciones y tejido redes de apoyo, pero sin cortar nunca el hilo que los ata a quienes se quedaron atrás. Los sucesos de ayer se vivieron con el teléfono en la mano, pendientes de audios, vídeos y mensajes que confirmen que la familia sigue a salvo.
Más de 500 personas se concentraron en la Plaza Mayor ataviados con banderas venezolanas tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela y la posterior detención de Nicolás Maduro. Lo hicieron empujados por la urgencia de lo que estaba ocurriendo a miles de kilómetros y con la necesidad de no vivirlo en soledad. La movilización transcurrió de manera pacífica y con un carácter celebrativo.
Lorenzo González, presidente de la asociación Alma Llanera, define la jornada como “una mezcla constante de euforia y temor”. Celebra lo que considera un paso sin precedentes, pero insiste en la prudencia. “No es una victoria definitiva, es apenas el inicio”, señala. La preocupación por posibles represalias está muy presente. “Mientras el régimen conserve poder, nuestros familiares siguen en riesgo”, advierte, reclamando una transición real que permita cerrar años de exilio forzado y empezar a reconstruir el país desde dentro.
Andreina Urbina, que llegó a Ourense hace dos años completamente sola, reconoce haber vivido el día en un estado de tensión permanente. Emigró tras enfrentarse al colapso sanitario y económico. “Te despiertas y sientes que todo vuelve a pasar otra vez”, explica. Aunque quiere creer que el cambio es posible, admite que el miedo a una nueva decepción pesa. “La ilusión existe, pero viene acompañada de mucha cautela”, añade.
Desde Celanova, Daysi Ramírez-Escobar observa los acontecimientos con la calma que da el tiempo, pero no con indiferencia. “Hay noticias que te devuelven de golpe al país que dejaste”, dice. Reconoce que, pese a llevar décadas en España, sigue sintiendo Venezuela como una herida abierta, especialmente en estos días como estos.
Más compleja es la situación de Mariela Álvarez, que se encuentra en Venezuela. Sus padres, residentes en O Vinteún, quedaron atrapados allí tras viajar de vacaciones, sin vuelos para regresar a España. Relata sobrevuelos de aviones y conversaciones interminables, pero también una sorprendente sensación colectiva de alivio. “No vi pánico, vi esperanza contenida”, explica, mientras esperan que la reapertura aérea les permita volver a casa y dejar atrás semanas marcadas por la incertidumbre.
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