SAMAÍN EN LA PROVINCIA
Una bruja se estrella contra una casa de Piñor: el Halloween más sorprendente de Ourense
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Una bruja se ha estrellado en Piñor. Su cuerpo de madera reposa sobre un muro, del que cuelgan los palos que lleva por piernas, mientras su careta permanece bien colocada. No se escapa porque Juan Manuel Novoa y Loli Justo la dejaron bien sujeta para que luzca como parte de la decoración de su casa -pues, en realidad, es una creación artesanal de ambos y, aunque lo parezca, no es una bruja real-.
Detrás de ella hay maniquíes disfrazados que cocinan pócimas en una pota y una sábana-fantasma que desciende en bicicleta por las escaleras de la vivienda de esta pareja, que la decoró de arriba abajo con todo tipo de adornos relacionados con el Halloween, algunos hechos a mano y otros comprados. Es una tradición que se remonta a 2022. “Ahora lo hacemos siempre”, explica Justo. “La casa tiene una temática diferente para Navidad, Halloween, invierno y verano”. Todas las ideas son suyas, mientras que Novoa se encarga de construirlas, aprovechando materiales reciclados que monta sobre estructuras de madera y cubre con barniz. “Yo me dedico a estudiar cómo fijar los elementos para que el clima no los arrastre”, señala.
En cuanto desmontan la decoración, ya empiezan a preparar la siguiente. “No lo dejamos, es una forma de desconectar, una especie de terapia”, expresa Justo. Su casa ya es un punto de referencia en Piñor, tanto para los vecinos como para muchos de los peregrinos que pasan por delante y se detienen para hacerle una foto, e incluso llaman a la puerta para no perderse detalles.
Pero en Piñor hay otra parada “escalofriante” en el pueblo de Cotelas, donde una casa también ha sido invadida por monstruos, aunque mucho más blanditos que los de Novoa y Justo: una colección de diez hinchables “de miedo” que tiene Liliana Pérez, quien lleva siete años decorando el exterior de su vivienda para celebrar Halloween.
Su decoración cambia cada año. “Algunos hinchables tienen su sitio, otros los vamos rotando y las manualidades las cambiamos siempre”, explica. En los preparativos participan seis manos: las suyas, las de sus dos hijos y las de su marido, que cada otoño reciben visitas de personas que se acercan para sacarse una foto de recuerdo ya desde comienzos de octubre, cuando los muñecos empiezan a asomar. “Intento tenerlo todo acabado para la Festa dos Callos, porque viene mucha gente”, ríe Pérez. “Es una forma de poner Cotelas en el mapa”.
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