Más de 10.000 ourensanos se sienten acorralados por soledad persistente
UN 30% MÁS DESDE LA PANDEMIA
El número de personas de la provincia de Ourense que se sienten solos se ha disparado más de un 30% desde la pandemia
10.239: Número de ourensanos que afirman sentirse siempre solos según los últimos datos de la Enquisa Estrutural de Fogares del INE. 82.007: Cantidad de ourensanos que experimentan un sentimiento de soledad en algún momento. Antes de la pandemia eran 69.741. 31,5%: Porcentaje de hogares de la provincia en lo que solo vive una persona según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En la provincia de Ourense, un mal invisible se propaga en silencio: la soledad no deseada. Según la última Enquisa Estrutural a Fogares del Instituto Galego de Estatística (IGE) publica la pasada semana, 10.239 ourensanos se sienten siempre solos, lo que se traduce en una alarmante dolencia emocional de tipo crónico que representa un incremento del 32,75% respecto a las cifras prepandémicas.
Pero más allá de esta cifra de ourensanos que experimentan una soledad intensa, hay otros 37.472 que confiesan sentir soledad a veces (7.022 personas más que antes de la pandemia) y otras 34.296 (2.728 más que en 2019) revelan haberse sentido solas alguna vez en el mes previo al sondeo. En total, desde la pandemia el número de ourensanos que experimentan un sentimiento de soledad en algún momento escalaron de 69.741 a 82.007.
En cuanto a las relaciones familiares, 32.212 ourensanos aseveran no haber quedado con ningún familiar en el último mes y 5.271 aseguran no haber tenido ningún tipo de contacto con su familia a lo largo de las últimas cuatro semanas. Por otra parte, en lo referente a las relaciones de amistad, 36.848 no se vieron con ningún amigo durante el último mes y 16.872 ni tan siquiera tuvieron algún tipo de contacto.
Una lectura demográfica
La estructura demográfica de Ourense es fundamental para comprender la anatomía del fenómeno de la soledad no deseada. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el porcentaje de hogares unipersonales en Ourense es del 31,5%. Esto, combinado con el aumento de la esperanza de vida y la baja natalidad, crea un escenario que incrementa la vulnerabilidad social.
Este análisis demográfico dibuja un mapa social en el que la soledad se comporta como una característica intrínseca de la estructura social de Ourense, lo que exige una respuesta coordinada y de largo plazo.
La soledad digital
Por un lado, la soledad de los mayores es un problema previsible, derivado del aislamiento físico, la pérdida de allegados y la disminución de la movilidad. Por otro, la soledad de los jóvenes es un problema moderno, originado por causas muy diferentes que operan incluso en entornos urbanos y densamente poblados.
Las causas de esta soledad digital y social en la juventud son múltiples y están profundamente interconectadas. El uso excesivo de medios digitales y redes sociales, lejos de ser un antídoto contra el aislamiento, se ha convertido en un factor de riesgo.
Estudios demuestran que las personas que se comunican principalmente de forma online experimentan el doble de soledad que aquellas que mantienen sus relaciones de manera presencial. La hiperconexión crea la ilusión de una comunidad vibrante, pero en realidad puede deteriorar las habilidades sociales necesarias para forjar vínculos reales.
En el entorno rural y despoblado, la soledad se acentúa. Sin embargo, en la ciudad, el elevado porcentaje de hogares unipersonales hace que la soledad urbana pase inadvertida.
El problema está ligado en muchos casos a la viudez y a la pérdida de movilidad, que dificultan el mantenimiento de relaciones sociales. La soledad en la vejez no es solo un sentimiento, sino que está entrelazada con la dependencia y los problemas de salud.
Hacer la diferencia
La lucha contra la soledad es una responsabilidad compartida. Un ejemplo destacado es el proyecto “Acompaño-te 2024,” una colaboración entre Cáritas Diocesana de Ourense y la Fundación Dorzán. El proyecto se enfoca en personas vulnerables mayores de 60 años y ofrece apoyo presencial y telefónico, así como ayuda directa para cubrir necesidades básicas de vivienda, alimentación y gastos sanitarios.
Las Aulas Sénior de Ategal, por ejemplo, ofrecen un refugio social y educativo para personas mayores, especialmente para mujeres viudas que se encuentran con un nuevo panorama vital.
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