La montaña rusa de la Nacional 120 entre O Barco y Ourense

SEGURIDAD VIAL EN PELIGRO

Las desastrosas condiciones que unen la carretera nacional 120 entre O Barco de Valdeorras y Ourense ponen en jaque la seguridad de los viajeros y ocasionan unos viajes en autobús incómodos

El lamentable estado del firme de la N-120, a la altura de Os Peares, antes de entrar en la provincia de Lugo.
El lamentable estado del firme de la N-120, a la altura de Os Peares, antes de entrar en la provincia de Lugo. | Miguel Ángel

Para quien llega a O Barco de Valdeorras por la mañana y desea regresar a la ciudad de Ourense a una hora razonable, el autobús es la única carta sobre la mesa. Una opción mucho más concurrida que el tren, pero que pudimos comprobar que se convierte en una aventura digna de un parque de atracciones.

Este viernes, el autocar -con salida de Viloira- partió de O Barco a las 15,20 horas, unos diez minutos más tarde de lo previsto. A diferencia del vacío del Alvia, nos encontramos con un vehículo casi completamente lleno, prueba de que el asfalto sigue ganando al raíl por pura necesidad.

Sin embargo, la asiduidad no es sinónimo de comodidad. El viaje de casi dos horas por la N-120 es una verdadera “montaña rusa” de botes. Desde nuestro asiento, el trayecto se siente como un reto para los más propensos al mareo, a los que se les recomienda viajar con bolsa en mano, no vaya a ser que se les salga el alma en alguna de las pronunciadas curvas de esta experiencia inmersiva.

Uno de los puntos fuertes de esta particular atracción es el tramo entre la entrada de Quiroga y Abrence. Allí, padecimos en nuestras propias cervicales un ir y venir de saltos que pone a prueba las espaldas más frágiles. Por momentos, el estruendo y la agresiva vibración de los cristales del autocar invitan a pensar en un terremoto, pero no, es simplemente el estado de la N-120.

El servicio, quizás por consideración con la integridad física de los viajeros, realiza un sinfín de paradas que funcionan como breves treguas para el cuerpo. Contamos hasta ocho altos en el camino tras salir de la capital valdeorresa: Vilamartín, A Rúa (con doble parada), Montefurado, Os Novais, Quiroga, Monforte y Pantón.

Tras un último respiro en As Lagoas, la aventura finaliza en la estación intermodal de Ourense. Al bajar, el gesto común entre los pasajeros -y el nuestro propio- era el de recolocarse las vértebras tras haber sobrevivido a una infraestructura que parece más diseñada para el castigo que para el transporte.

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