La odisea de la A-52 en Ourense: cortes por obras, cambios de carril y tráfico lento
La A-52, principal arteria vial de la provincia de Ourense, contabiliza hasta ocho cierres parciales simultáneos solo en el tramo ourensano
La A-52, la autovía que conecta Ourense con la Meseta y las Rías Baixas, y que vertebra a las principales villas, continúa atrapada en un sinfín de obras. El objetivo teórico es reparar un asfalto gravemente deteriorado que es ya uno de los grandes símbolos del abandono que sufre la provincia en materia de infraestructuras.
Actualmente, estos trabajos condenan a esta arteria vital a sufrir continuos cortes de carril, desvíos hacia el sentido contrario, retenciones y tramos con la velocidad limitada a 60 u 80 kilómetros por hora.
La magnitud del problema queda perfectamente reflejada en el mapa de la Dirección General de Tráfico (DGT), que mantiene activos hasta ocho avisos por carriles cortados únicamente en la provincia de Ourense, a los que hay que sumar las restricciones vigentes en los trazados limítrofes de las provincias de Pontevedra y Zamora.
Además de las obras, la DGT alerta en múltiples tramos del peligro existente por el “firme irregular”. Lejos de suponer una solución definitiva, muchas de las reparaciones acometidas hasta ahora no han resuelto el problema, ya que los operarios se han limitado a un mero parcheo superficial del asfalto que no frena el deterioro de la calzada.
El segmento más crítico comienza a la altura de Verín y se prolonga más allá de la salida de Galicia a través de Zamora. La situación es especialmente sensible justo en la entrada a la provincia por el alto del Padornelo: el cierre de un túnel y un tramo de 16 kilómetros afectado por los cortes obligan a los conductores a desviarse por la antigua carretera nacional.
Todo esto provoca que una vía diseñada para agilizar la comunicación de los ourensanos se haya transformado en una auténtica odisea para quienes se ponen al volante. Los tiempos de viaje se han disparado, al obligar a los usuarios a circular a la mitad de la velocidad permitida en tramos concebidos para ir a 120 kilómetros por hora y en otros reducirla hasta los 80.
Este viacrucis logístico impacta de lleno en el bolsillo de los conductores. Las constantes frenadas, retenciones y marchas lentas disparan el consumo, todo ello en un contexto económico donde la gasolina y el diésel continúan en precios de récord por la guerra en Irán, castigan doblemente a los usuarios particulares y a los transportistas que dependen de este corredor para poder desplazarse ya sea por cuestiones laborales o de ocio.
Pago de averías
Más allá del gasto extra en combustible, el deterioro de la carretera se puede trasladar también al bolsillo en forma de averías. El ejemplo más claro está en lo que ocurrió durante los pasados carnavales en la N-120, entre Valdeorras y la ciudad, cuando un total de 42 conductores sufrieron daños en sus vehículos en apenas cuatro días.
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