Ourense sucumbe al terror en una noche de meigas por Samaín

HALLOWEEN EN OURENSE

Calles y plazas de toda la provincia de Ourense se llenaron de disfraces, calabazas y ritos tradicionales por la noche de Samaín

Vecinos caracterizados durante la recreación de “A lenda de Saa”, en Vilar de Santos.
Vecinos caracterizados durante la recreación de “A lenda de Saa”, en Vilar de Santos. | Xesús Fariñas

El misterio, las risas y las ganas de fiesta volvieron a adueñarse este sábado de una provincia donde las criaturas del inframundo caminaron a sus anchas bajo las farolas. En la ciudad, el espíritu del Samaín se palpó en cada rincón: familias enteras enfundadas en elaborados disfraces tomaron el Parque de San Lázaro y la calle del Paseo entre esqueletos gigantes, brujas y vampiros. Conforme caía la noche, la atmósfera se volvió más envolvente en el casco histórico y la zona de los Vinos, donde los sustos iniciales dieron paso a la música, los bailes espontáneos y un gentío que llenó las calles hasta bien entrada la madrugada.

Más allá de la urbe, los distintos rincones de la provincia vivieron la fecha con un marcado acento tradicional. En Barbadás, la expectación desbordó los talleres infantiles, con decenas de niños vaciando calabazas a contrarreloj y dejando volar la imaginación. Mientras tanto, Ribadavia sacó a relucir su mística en una concurrida Noite Meiga: vecinos y visitantes caminaron entre druidas rumbo al Castillo de los Sarmiento al calor del conxuro de la queimada, desafiando sus pulsaciones en un túnel del terror y en un escalofriante juego de escape dentro de una iglesia. La cita más terrorífica y fiel a la raíz del Samaín se vivió en Saa, la aldea recuperada junto a Vilar de Santos, donde los propios vecinos erizaron la piel del público encarnando con gran realismo “A lenda de Saa”.

En A Rúa, la Asociación Sabugueiro ambientó la Rúa Vella con pasajes de pesadilla desde As Guindeiras para niños y jóvenes, reuniendo a una multitud que combatió el relente con una reconfortante chocolatada popular.

Por su parte, en O Barco de Valdeorras, el colectivo comercial llenó la Praza do Concello de tatuajes, talleres y música, antes de culminar la velada en el concurrido túnel del terror del viejo pabellón. Una noche redonda que demostró cómo la provincia entera abrazó la fiesta sin descanso.

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