desidia, chatarra y maleza
Renfe y Adif marginan a Ourense, que utilizan de basurero ferroviario
desidia, chatarra y maleza
Hace medio siglo La Región denunciaba en sus páginas los vertidos que Renfe realizaba con total impunidad sobre el Miño. La noticia informaba de restos de aceite de las locomotoras diésel que acababan formando un afluente de contaminación desde el entorno de la estación al río en tal cantidad que resultaba visible desde el Puente Nuevo “incluso sin bajarse del coche”. Pese a una regulación ambiental mucho más estricta que en 1976, el paisaje ferroviario que Renfe y Adif pintan en el entorno de Ourense sigue estando plagado de basura, maleza y contaminación, a lo que hay que añadir el feísmo y la conversión de algunas estaciones en cementerios de chatarra y viejos trenes y vagones fuera de servicio.
Aquel vertido no fue el único. Desde entonces, Ourense y su provincia han sufrido las consecuencias de actuaciones negligentes por parte de las dos empresas públicas responsables del transporte ferroviario en las que se segregó Renfe en 2005: el administrador de las infraestructuras (Adif), y el operador (Renfe). En abril de 2008 se produjo un vertido de 55.000 litros de gasoil de los depósitos de la estación de Ourense a la red de saneamiento urbano que acabó en la depuradora de la ciudad que evitó con su filtrado que se convirtiese en un desastre ambiental en el Miño. Aún así, parte del combustible pasó al río. Más recientemente, en los primeros días de agosto de 2020, varios vagones de un tren de mercancías que había descarrilado en las proximidades de Sobradelo (Carballeda de Valdeorras) el día 28 de julio de aquel año, fueron arrojados al Sil por los operarios que trabajaban en las labores de reparación de la línea férrea tras el siniestro. La grabación de un vídeo por parte de uno de los operarios se hizo viral y sirvió de prueba en un contencioso en el que fue condenada Adif que tuvo que pagar una multa de 10.000 euros a la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil y otra de 45.000 a la Consellería de Medio Ambiente, además de tener que restituir el cauce del río de los daños ocasionados y retirar el material arrojado al mismo.
Aunque tanto Adif como Renfe cuentan con la certificación ISO 14001 de gestión ambiental, parece que tal norma no se aplica en la provincia de Ourense. Los incendios registrados en el entorno de las vías, como los ocho provocados por un mismo tren de mercancías el pasado mes de julio, en los municipios de Ourense, Punxín, Amoeiro y Maside. La rápida intervención y el amplio despliegue de medios evitó una tragedia, como la ocurrido once años antes en Boborás, que había calcinado 180 hectáreas y por el que habían sido condenados tanto Renfe como Adif por su responsabilidad en el suceso. Tanto una como el otro activan antes de cada verano sus respectivos planes de prevención contra incendios, pero en el caso de las vías gallegas se queda a medias, como la aplicación de productos químicos para secar la materia vegetal y evitar su proliferación desde trenes herbicidas, pero luego no se retira de las vías y su entorno, convirtiéndose en un peligroso combustible en épocas de gran sequía como la que vivió un año más Ourense en lo que va de verano.
El paisaje de abandono se completa con la conversión de estaciones en auténticos cementerios de material rodante, como ocurre en la de O Carballiño, donde Renfe, con la complicidad de Adif, acumula vagones de mercancías fuera de uso y trenes desechados, como algunos de los viejos automotores que había alquilado a Portugal y ahora, fuera de servicio y convertidos en chatarra, dan un aspecto todavía más siniestro a estaciomes en las que la maleza y la chatarra se acumula.
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