Las "boticas rurales" de hoy en día trabajan con los pacientes de forma personalizada y especializada
MEDICAMENTOS DE CERCANÍA
Una Zona Farmacéutica Especial es una demarcación territorial, generalmente rural o aislada, declarada por las autoridades sanitarias autonómicas (como es el caso de la Xunta de Galicia), caracterizada por tener una baja densidad de población, problemas de viabilidad económica o contar con una única farmacia. Su objetivo es garantizar el acceso a los medicamentos
Estas zonas están ubicadas en el rural y su calificación como zona farmacéutica especial responde a criterios de población porque responden a zonas con menos o hasta 10.000 habitantes por kilómetro cuadrado o una única farmacia en todo el entorno. Además, se aplican condiciones especiales de distancia, tiempos de acceso y turnos de guardia flexibles adaptados a la zona. La atención también está adaptada en función de la prestación de asistencia farmacéutica en residencas sociosanitarias.
Trabajar en el rural es cercanía y familiaridad con los pacientes
En la comarca de Conso-Frieiras hay tres farmacias catalogadas como zonas farmacéuticas especiales, ya que operan en áreas con menos de diez habitantes por kilómetro cuadrado: las de A Gudiña, A Mezquita y Vilariño de Conso.
En el caso de A Gudiña, al frente de la botica está Antucho Espinosa, segunda generación de una familia de farmacéuticos que lleva en el municipio más de medio siglo. Para él, trabajar en el entorno rural no supone un obstáculo, sino más bien “todo o contrario”. Destaca que la cercanía con los vecinos permite ofrecer una atención personalizada, adaptada a las necesidades de cada paciente, y subraya que su intención es seguir al frente de la farmacia “por moitos anos”, continuando con la tradición familiar y el servicio a la comunidad.
La situación es similar en A Mezquita, donde Manuel González dirige la farmacia, heredada de una botica que lleva abierta desde 1926. Actualmente, su principal reto es poder retomar el servicio a la residencia de la tercera edad, al que no han podido atender desde hace algunos años, y así garantizar la atención farmacéutica directa a este colectivo, así como a los clientes que han sido fieles durante años y que “dejan de serlo una vez internan”.
En la comarca valdeorresa echan en falta poder vender a geriátricos
Desde la farmacia de O Bolo, un pequeño municipio de menos de 800 habitantes, Vicente Álvarez comenta que en el rural este servicio tiene unas circunstancias muy distintas a las de las villas, principalmente a consecuencia de la despoblación. Echa en falta “farmacéuticos que nos sustituyan cuando queremos vacaciones o coger un día. Estamos muy atados”, dice. Seguidamente, expuso que las pequeñas farmacias del rural tienen un problema añadido: “Algunas residencias de la tercera edad no llevan los medicamentos de sus farmacias, los llevan de hospitales del Sergas”.
Rosa Fernández, en A Veiga, coincide con Vicente Álvarez. “A situación é precaria, complicadísima económicamente”, comenta. También se refirió al problema ya expuesto y prácticamente común en los 29 distritos de farmacia: “Por algún motivo burocrático, as residencias traballan directamente cos hospitais. Nós non as servimos. Qué sucede? Pois teño uns pacientes que, de repente, ingresan na residencia e xa non me poden comprar”.
“Nós, estamos atados ás farmacias. É asfixiante en tempo e económicamente”, subraya Álvarez.
Los vecinos acostumbran a ir a la farmacia antes que al médico
La trayectoria de la famarcéutica Amalia Carrera Diéguez está unida a los dos concellos de la comarca declarados zona especial. Primero ejerció ocho años en Laza y, hace ahora ocho, adquirió la farmacia de Castrelo do Val. Carrera multiplicó “por diez” las ventas gracias a la “dedicación constante”. El secreto está en “estar siempre presente, atender con buena actitud y, sobre todo, saber escuchar a los pacientes, ya que en una zona rural el farmacéutico es muchas veces la primera persona a la que acuden antes de ir al médico”.
Su farmacia rural ofrece talleres y asesoría en dermocosmética y nutrición, lo que atrae a vecinos de Verín y otros pueblos que valoran la comodidad y el trato. Amalia describe su farmacia como una “pequeña gran familia, conocemos a todo el mundo, sabemos su medicación y sus problemas”. Es precisamente esa conexión personal la razón por la que “no cambiaría” la farmacia de pueblo por la de ciudad.
Hace un año que Samuel y su pareja cambiaron Vigo por una farmacia rural
De los cuatro concellos de la comarca trivesa, cuatro de ellos se encuentran dentro de zonas de mayor vulnerabilidad debido al acusado descenso de población. Manzaneda, San Xoán de Río y Chandrexa de Queixa son pequeñas farmacias rurales que cada día siguen atendiendo a sus vecinos, haciendo incluso en algunos momentos de centro de reunión o encuentro.
Con una densidad de menos de siete habitantes por kilómetro cuadrado, Samuel y Fanny apostaron por la farmacia de Manzaneda, dejando atrás la vida en la ciudad. Ellos dos, junto a su empleada Tamara, cada día abren sus puertas mañana y tarde de lunes a viernes, y sábados de mañana. No hacen guardias, pero son imprescindibles para muchos vecinos, a quienes reciben con su amabilidad hasta con llamadas telefónicas fuera del horario, debido a su trato de cercanía. En esta pequeña localidad también suministran a la residencia de la tercera edad.
La atención en el pueblo hace que el trabajo sea mucho más gratificante
En la comarca de Terras de Caldelas, municipios como A Teixeira, Parada de Sil y Montederramo forman parte del mapa de zonas farmacéuticas especiales definido por la Xunta. Esa figura pensada para proteger la viabilidad de las boticas rurales y asegurar el acceso a medicamentos en territorios con baja densidad de población y dificultades de cobertura es necesario en esta comarca, en donde esos pequeños concellos cuentan con poco población y en aldeas casi vacías en muchos casos. En Parada de Sil, Elena Linares y Fernando Andreu hace años que apostaron por una farmacia rural.
“Yo vengo de una ciudad grande como es A Coruña y desde luego que la vida en el rural es otra cosa, aquí es mucho más reconfortante el trabajo”, explica Fernando, que aunque matiza que los ingresos son menos que en la ciudad, poder ayudar a la gente en muchos factores, hace que sea agradecido.
El trato personal en el día a día y la cercanía marcan la diferencia
Las farmacias de Baltar y Calvos de Randín también se recogen en las zonas especiales. Celsa Cortiñas regenta la farmacia del concello de Baltar, situada en la vía principal del municipio, desde 1980. Ahora se encuentra en jubilación activa, pero cuenta con su regente, Susana Rodríguez, y la auxiliar que completa la plantilla de tres que sigue ofreciendo servicio a los vecinos -incluso a algunos llegados de más allá de la frontera, a escasos kilómetros de la farmacia-.
“Mais que desaparición das farmacias, desaparición dos pobos”, aclara Celsa, “ultimamente veu xente estranxeira e remontamos algo, pero fai falta máis. Eu non conto deixar a farmacia, malia que haxa menos xente vese un cambio a mellor, aquí nas aldeas temos unha filosofía especial”. Celsa y Susana enfatizaron esa cercanía: “Co trato do día a día encaríñaste moito coa xente, somos como unha gran familia”, eso sí, insitieron en la importancia de revitalizar el rural: “Fáltannos servicios”.
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