Decenas de devotos piden a San Wintila por sus cosechas
SUBASTA
La subasta de productos agroalimentarios ofrecidos por los fieles marcó el día grande de San Wintila en Punxín
La fiesta en honor a San Wintila, en Punxín, volvió a reunir un año más a numerosos vecinos y devotos en torno a una de sus tradiciones más singulares: la subasta popular en el atrio de la iglesia.
Como marca la tradición, los fieles conmemoraron este lunes el día grande de San Wintila, festivo local en el municipio, depositando sus ofrendas tras la misa en el carro donde está expuesta la imagen en el interior de la iglesia, al lado del sepulcro del beato. Con estas ofrendas, principalmente productos agroalimentarios, piden a San Wintila protección para sus animales y cultivos, ya que es considerado el patrón del campo y la agricultura y se le atribuyen milagrosas curaciones de animales y salvación de cosechas, a pesar de que nunca ha sido canonizado.
El sacristán, Jonatan Veiga, destacaba que “é un santo con moita devoción na contorna”. Por eso, como cada año acudieron los representantes de Extensión Agraria, ya que es su patrón, así como numerosos fieles, no solo de la comarca carballiñesa, sino de zonas como Lalín o A Frieira.
Puja
Piezas del cerdo, como cachucha o lacón, dientes y uñas, además de huevos, miel, verduras, pan, vino y dulces fueron algunas de las piezas que se subastaron por la tarde, junto a los animales donados: un conejo, un “kiko” y un capón. El sacristán dirigó la subasta, acompañado de otros miembros de la comisión, en la que participaron decenas de vecinos que se reunieron en el atrio de la Iglesia de Santa María.
“Xa dende a mañá se van picando uns a outros para ver quen vai dar mais”, explicaba Jonatan Veiga. “Para nosotros es una diversión venir”, comentaba una de las vecinas. Otras más mayores, como Mercedes González, recordaba que “antes era unha romaría con tabernas pola carretera, postos de pulpo, panadeiras, había de todo. Todo o mundo tiña animales e ofrecían porcos, galiñas ou cordeiros enteiros, ou a un enfermáballe o porco e ofrecíalle as uñas, lingua, cacheiras ou orella para que lle curase o animal”.
Productos
Aún así, la fiesta mantiene su esencia, y cerca de 50 vecinos de la comarca, en un ambiente muy divertido, pujaron por más de una treintena de productos y animales. Entre piques y risas se pagaron 8 euros por una botella de vino, 4 por un racimo de uvas, 5 euros por un calabacín, 4 por lengua o uñas de cerdo y 7 por media cachucha. El líder de la subasta fue el capón, que un vecino se llevó por 30 euros.
La recaudación se destina a organizar los festejos, que comenzaban el domingo con la procesión con carro de bueyes, comida popular y música, y se despedía ayer con una degustación de pinchos y la verbena amenizada por el dúo Os Trasnos.
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