La Región
Rairo se ahoga en la superficie y se seca en el grifo
Europa se calienta casi al doble de la media mundial, según la ONU: olas de calor récord, sequías que se extienden, glaciares que se desvanecen y fuegos forestales que se normalizan. Sin embargo, la política continental sigue atrapada en declaraciones, planes ambiciosos en papel y una economía que, en lugar de transformarse, se aferra a modelos caducos.
Mientras el continente se recalienta, su industria pierde peso en el escenario global, dependiendo cada vez más de cadenas de valor externas y de una energía que no controla. Europa importa gas, petróleo y ahora también soluciones tecnológicas, mientras las grandes inversiones se desplazan a otras latitudes. La promesa verde se reduce a nichos de innovación, sin reindustrializar de verdad ni reconectar la transición con el empleo de la calle.
La misma ONU que advierte del calentamiento acelerado observa también que las políticas sociales se quedan cortas: subsidios que no llegan a quienes los necesitan, programas que no alcanzan al desempleo estructural y reformas que no reparan la brecha entre Bruselas y las barriadas. La combinación es evidente: un continente que cambia de clima, destruye industria relevante, olvida a la calle y depende de la energía de otros. Europa necesita menos discursos y más decisiones que lo cambien todo, empezando por la realidad que se vive en sus propias ciudades. ¿Dónde está la UE que nos iba a dar bienestar y confort? ¿Estamos preparados para este verano?
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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