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ANTÍDOTOS ANTE PICADURAS
¿Quién no ha sentido un picor repentino o ha descubierto una roncha misteriosa al llegar a casa? Tanto el tipo de picor como su intensidad y su aspecto dicen mucho del insecto que nos ha picado. Y, en última instancia, nos dan las pistas para saber cómo actuar para aliviar los síntomas y determinar si es necesario acudir a un centro de salud.
Al fin y al cabo, tomar las medidas adecuadas con el criterio correcto puede ahorrarnos más de un susto, visitas innecesarias al médico e, incluso, complicaciones médicas.
Frente a la innegable semejanza que existe entre la mayoría de las picaduras, lo cierto es que también encontramos diferencias. De hecho, cada una posee unas características propias, unos síntomas determinados y un tratamiento específico.
Por ello, trataremos de mostrar las claves para poder distinguir al menos seis de las más comunes: las de mosquitos, avispas y abejas, garrapatas, pulgas, chinches y arañas.
Lo habitual es que cualquiera de las picaduras mencionadas no sea más que una simple molestia que desaparece al cabo de unos días. Sin embargo, no podemos obviar el hecho de que también puede convertirse en el desencadenante de un problema grave de salud.
A continuación, exponemos tres de las consecuencias más serias asociadas a una picadura:
1.Reacción alérgica grave (anafilaxia): se aprecia dificultad para respirar, hinchazón de labios o párpados, mareos o pérdida de conciencia.
¿Cómo actuar? Llamar a emergencias. Si la persona tiene autoinyector de adrenalina, debe usarlo.
2.Infección: aparece un enrojecimiento progresivo, calor local, pus y fiebre.
¿Cómo actuar? Consultar con un profesional de salud. La persona puede requerir tratamiento antibiótico.
3.Contagio de una enfermedad transmitida por garrapatas como, por ejemplo, la enfermedad de Lyme. Si esto ocurre, días después de la picadura aparecen erupciones en forma de diana, fiebre y dolor muscular o articular.
¿Cómo actuar? Consultar siempre con profesionales sanitarios.
Para reducir las posibilidades de sufrir las consecuencias, leves y graves, de las picaduras de insectos, una de las medidas más eficaces y, por ello, una de las más recomendadas, es utilizar repelentes autorizados, que llevan DEET (dietiltoluamida) o icaridina.
En las farmacias y en los lineales del supermercado es posible encontrar numerosos productos que incluyen estos compuestos. El problema es que la oferta puede resultar abrumadora. Sin embargo, escoger con criterio no es tan difícil como pudiera parecer. La clave está en la etiqueta.
En ella, encontraremos información acerca de la composición de los repelentes, y ahí es donde tenemos que fijarnos. Entre los ingredientes veremos si incluye los citados DEET o icaridina, activos comunes que se usan para ahuyentar insectos como mosquitos, garrapatas y otros que pueden transmitir enfermedades.
Ahora bien, ¿cuál de los dos es más eficaz? ¿Duran lo mismo sus efectos? ¿Son igual de efectivos en nuestro entorno que en un país exótico? Para elegir con criterio, veamos con detalle qué son cada uno de ellos:
-DEET. Es el repelente más utilizado y con más estudios científicos. Se considera uno de los más eficaces contra mosquitos, garrapatas y moscas.
Se usa desde la década de 1950. Su duración depende de su concentración. Por ejemplo, si en el bote que nos dispensan en la farmacia vemos que en la etiqueta pone 30 % DEET, sus efectos pueden prolongarse unas 6 horas.
En cuanto a la seguridad, puede afirmarse que el uso de repelentes con DEET no supone ningún riesgo para la salud si se usa correctamente. Solo conviene tener en cuenta que puede irritar la piel o dañar prendas de ropa si están fabricadas con telas sintéticas.
-Icaridina. Es una alternativa más moderna y actual al DEET e igual de eficaz con concentraciones similares. Por ejemplo: un repelente con un contenido de un 20 % de icaridina equivale en duración a otro con un 30 % de DEET.
Se diferencia del DEET en que resulta menos olorosa, menos grasa y más amigable con la piel y los materiales. Además, es eficaz contra mosquitos y garrapatas, y su duración oscila entre las 6 y 8 horas.
En el caso de aplicarse a niños o personas con pieles sensibles es preferible la icaridina, ya que es más suave.
En zonas con alto riesgo de enfermedades como el dengue, malaria o zika, sirven ambos compuestos. Eso sí, hay que asegurarse de que presenten una concentración efectiva (DEET al menos del 30 % e icaridina de al menos el 20 %).
Además de los repelentes, como medidas físicas podemos usar ropa protectora, sobre todo en zonas rurales o con vegetación alta. También es muy útil instalar mosquiteras y, por supuesto, evitar aguas estancadas.
Otra buena costumbre que podemos adoptar es hacer una revisión exhaustiva del cuerpo cuando volvemos a casa después de una caminata por el campo, ya que las garrapatas se esconden en zonas como las ingles, axilas o incluso detrás de las orejas.
En el caso de que la persona sepa que es alérgica a la picadura de alguno de estos insectos, debe llevar siempre consigo el autoinyector de adrenalina.
Ser la diana de estos insectos no es excepcional. De hecho, las picaduras son incidentes frecuentes, especialmente en primavera y verano. De modo que, teniendo en cuenta que es bastante difícil librarse, la clave está en saber identificar las picaduras, aplicar los cuidados adecuados y reconocer con criterio cuándo es necesario solicitar ayuda o asistencia médica.
Una actuación informada puede marcar la diferencia entre una simple molestia y una urgencia médica.
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