Romper con el sedentarismo mejora el ánimo y el bienestar

SALUD PÚBLICA

Ejercicio físico: la clave para romper el círculo de depresión, obesidad y sedentarismo. El componente social del deporte rompe el aislamiento y refuerza la constancia.

La obesidad sarcopénica es especialmente relevante en contextos con poblaciones envejecidas.
La obesidad sarcopénica es especialmente relevante en contextos con poblaciones envejecidas. | Europa Press

La depresión, la obesidad y la falta de ejercicio físico forman hoy un triángulo preocupante para la salud pública. La relación entre estos tres factores no es casual, sino profundamente interconectada. El sedentarismo alimenta el deterioro físico y emocional, mientras que el malestar psicológico dificulta adoptar hábitos saludables.

Frente a ello, el ejercicio físico se presenta como una intervención accesible, rentable y con beneficios múltiples: no solo contribuye a reducir síntomas depresivos y ansiosos, sino que ayuda a prevenir y combatir la obesidad, mejorando la calidad de vida en todas las edades. Integrar el movimiento en la rutina diaria no es únicamente una cuestión estética o deportiva, sino una estrategia esencial de salud integral.

Al igual que ocurre con los trastornos de ansiedad, la depresión afecta a un porcentaje cada vez mayor de la población, especialmente a los jóvenes y a las mujeres. Pero más allá del sufrimiento psicológico, sus consecuencias se extienden al cuerpo, al estilo de vida y a los hábitos diarios. En este contexto, el sedentarismo y el aumento de peso no son factores aislados, sino piezas de un mismo engranaje que se retroalimenta.

Consecuencias

La falta de actividad física influye directamente tanto en la salud mental como en la física. Cuando una persona reduce su movimiento diario, disminuye también la liberación de endorfinas, serotonina y otros neurotransmisores relacionados con el bienestar. Esto puede favorecer la aparición o el mantenimiento de síntomas depresivos. A su vez, la depresión suele provocar apatía, fatiga y pérdida de motivación, lo que dificulta iniciar o mantener una rutina deportiva. El resultado es un círculo vicioso: menos ejercicio conduce a peor estado de ánimo, y el bajo estado de ánimo conduce a menos movimiento.

En paralelo, el sedentarismo es uno de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de obesidad. El desequilibrio entre las calorías que se consumen y las que se gastan, unido a estilos de vida cada vez más pasivos, favorece la acumulación de grasa corporal. La obesidad, por su parte, no solo incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes o problemas articulares, sino que también se asocia a un mayor riesgo de depresión. Las personas con obesidad pueden experimentar estigmatización social, baja autoestima e insatisfacción corporal, factores que afectan directamente a su salud mental.

Investigaciones

La evidencia científica reciente refuerza la idea de que el ejercicio físico puede actuar como una herramienta clave frente a esta triple amenaza. Un amplio trabajo publicado en el British Journal of Sports Medicine, elaborado por la James Cook University de Australia, analizó cientos de estudios para evaluar el impacto del ejercicio en la depresión y la ansiedad. Los resultados mostraron que la actividad física tiene un efecto moderado en la reducción de los síntomas depresivos y un efecto pequeño a moderado en la ansiedad, siendo en muchos casos comparable o incluso superior al de la medicación o la psicoterapia.

Este hallazgo es especialmente relevante cuando se observa que las personas jóvenes presentan tasas de depresión y ansiedad casi el doble que los adultos.

Consejos

Introducir rutinas de ejercicio aeróbico, como caminar a paso ligero, correr, nadar o bailar, no solo mejora la condición física, sino que también ayuda a regular el estado de ánimo.

Además, el estudio señala que los formatos grupales y supervisados ofrecen beneficios adicionales. El componente social del deporte rompe el aislamiento, fomenta la sensación de pertenencia y refuerza la constancia. Esto es especialmente importante en personas con depresión, que tienden a retraerse socialmente. En el caso de la obesidad, el acompañamiento profesional y el apoyo grupal también mejoran la adherencia y la motivación, factores decisivos para mantener cambios a largo plazo.

Por otro lado, incluso programas de menor intensidad y duración relativamente corta, de hasta ocho semanas, mostraron beneficios claros en la ansiedad. Esto demuestra que no es necesario alcanzar niveles de alto rendimiento para obtener mejoras significativas. La clave está en la regularidad y en adaptar la actividad a las capacidades de cada persona. Caminar diariamente, practicar yoga o realizar ejercicios de fuerza básicos pueden marcar una diferencia notable.

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