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UNA TRADICIÓN DULCE
Muchas de las tradiciones modernas tienen orígenes ancestrales; el tiempo nos ha legado una interpretación, una forma de celebrar el hecho, incluso una manera de sentirlo que se traspola a ¿qué se come ese día? ¿Qué vemos? ¿A dónde vamos? Incluso, ¿con quién lo celebramos?
El Día de Reyes no es la excepción, ahí está la mítica cabalgata donde Melchor, Gaspar y Baltasar recorren las calles y lanzan caramelos a la muchedumbre que se agolpa para verlos. Niños en su mayoría que abren manos, paraguas, gorros, para acaparar los dulces que traen la representación de sabios del oriente.
Y cuando todo se termina, hay un postre esperando en casa, una forma redonda/ovalada que se antoja y que tiene premio dentro. El roscón de Reyes es sin duda uno de los dulces más típicos y más importantes que en los primeros días de enero se nos antoja, sobre todo a los rapaces que anhelan la faba o cualquiera de los tesoros secretos.
En la tradición cristiana, el Día de Reyes se denomina Día de la Epifanía del Señor, la revelación de que Jesús había nacido y los reyes magos convocados por la estrella del oriente, peregrinaron a llevarle oro, incienso y mirra. A pesar de que en las escrituras no se refleja una fecha exacta del nacimiento de Cristo, de acuerdo con el calendario católico, la fecha entre el nacimiento y la llegada de reyes coincide en el día 6.
Aunque es importante mencionar la relación que tiene la fecha con las fiestas paganas de Roma, ya que justamente en la fecha recaía la celebración a Saturno, las llamadas fiestas saturnales. Eran una veneración al dios de la agricultura o también el homenaje a un general victorioso. A Roma le valía cualquier motivo para festejar; de ello se populariza la famosa frase “pan y circo”.
Cuando Constantino I se convirtió al cristianismo comenzó una suerte de integración donde los dioses paganos fueron destruidos, pero las tradiciones que tenían más de 200 años en el imperio comenzaron a entretejerse. Una de ellas fue la torta con miel, frutos secos y dátiles que se repartía entre los esclavos durante las saturnales. Fue alrededor del siglo III cuando empezó la costumbre de esconder en su interior una pequeña haba seca como un símbolo de buena suerte. Era la forma de convertirse en "rey de reyes", teniendo derecho a un día libre.
Aunque no fue una tradición propiamente de España hasta que Felipe V, el primer rey borbón español la introdujo. Al monarca le gustaba celebrar la epifanía con un dulce de masa brioche en forma de corona. Pero no fue hasta 1895 que el escritor y gastrónomo Ángel Muro publicó la receta, una suerte de democratización de este postre.
El Roscón de Reyes con el tiempo se integró en la tradición cristiana como símbolo de la llegada de los Reyes Magos. Este postre representa la unión, la abundancia y el cierre del ciclo navideño.
En cuanto a sus ingredientes, el roscón se elabora a partir de una masa dulce enriquecida con harina, huevos, azúcar, mantequilla y levadura, aromatizada tradicionalmente con agua de azahar. La decoración incluye frutas escarchadas y azúcar, elementos que no solo aportan sabor y color, sino que también poseen un significado simbólico dentro de la tradición.
Uno de los elementos más característicos del Roscón de Reyes es la inclusión de sorpresas en su interior. Tradicionalmente se esconden dos figuras: una que representa al rey y otra que simboliza la faba. Esta costumbre añade un componente lúdico y social al momento de compartir el roscón en familia o entre amigos.
El haba se comenzó a utilizar como una lotería donde al que le tocara le era concedida la gracia de ser rey por un día, de tener la libertad absoluta. En la corte de Felipe V esta tradición fue bastante popular y por un día se alteraban las normas en beneficio del suertudo.
Por su parte, la faba introduce un contraste que recuerda el carácter colectivo del ritual y refuerza la idea de compartir el dulce como una experiencia común.
Aunque todo cambia, todo se mueve, al roscón se le empezó a poner dentro juguetes, figurillas o hasta dinero en efectivo en sustitución de la faba y en otros sitios la suerte también significaba que el pago del roscón le correspondía al afortunado, o era su responsabilidad comprarlo el próximo año.
En la actualidad, el premio asociado al Roscón de Reyes ha evolucionado, adaptándose a los usos sociales modernos. Tradicionalmente, quien encontraba la figura del rey era considerado el afortunado de la jornada, mientras que la persona que obtenía la faba debía pagar el roscón.
Hoy en día, esta costumbre se mantiene en muchos hogares, aunque con variaciones. En algunos casos, el premio es simplemente simbólico, mientras que en otros se sustituye por pequeños regalos o se mantiene como una tradición divertida sin obligación económica, priorizando el valor social del momento.
Originalmente, la faba tenía un significado positivo vinculado a la fertilidad y la prosperidad, heredado de las celebraciones romanas. Encontrarla era un augurio de buena suerte y abundancia para el año entrante, lo que le otorgaba un valor muy distinto al que se le atribuye en la actualidad.
Con el paso del tiempo, su interpretación cambió y pasó a considerarse un “castigo” simbólico, asociado al hecho de pagar el roscón. A pesar de este giro, la faba sigue siendo un elemento esencial de la tradición y mantiene su función como recordatorio del origen histórico del dulce.
Las frutas escarchadas que decoran el Roscón de Reyes representan las joyas de las coronas de los Reyes Magos. Su variedad de colores aporta un aspecto festivo y refuerza el carácter ceremonial del postre, además de servir como elemento distintivo frente a otros dulces navideños.
La forma circular del roscón también tiene un fuerte simbolismo, representa la eternidad, el ciclo continuo del tiempo y la unión familiar. Esta forma sin principio ni fin refuerza el mensaje de continuidad y celebración colectiva asociado a la Epifanía.
En Ourense y en el conjunto de Galicia, la receta del Roscón de Reyes ha evolucionado incorporando matices propios de la gastronomía local. Aunque se mantiene la base tradicional, es habitual encontrar versiones con rellenos de nata, crema o trufa, adaptándose a los gustos actuales.
Además, las panaderías y pastelerías gallegas han apostado por ingredientes de proximidad y procesos artesanales, lo que ha contribuido a revalorizar el roscón como producto gastronómico de calidad. Esta evolución ha permitido conservar la tradición sin renunciar a la innovación culinaria.
El Roscón de Reyes, como mismo se volvió popular en España y un dulce típico del 6 de enero, este también expandió sus fronteras a Hispanoamérica, a países como México, Guatemala, Venezuela y Cuba. Países donde la conexión con la península permaneció y se vio reforzada por la migración española a estos destinos. Aunque la receta ha tenido sus cambios y se ha reinterpretado: roscones rellenos de nata, crema, chocolate o trufa, hechos con frutas más tropicales y sabores nuevos. De cualquier manera una delicia.
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