Cuadros de Nil Ojeda hechos por IA a 9.650 euros
VIRAL EN LAS REDES
MilfShakes sorprende con “Arte hecho por IA”. Cuatro cuadros creados supuestamente por inteligencia artificial se venden en una subasta por un valor de casi diez mil euros, cuando en realidad habían sido pintados por mujeres llamadas Ia
La estrategia de venta de estas obras generó debate y fue celebrada como una brillante jugada de marketing. “Cuando todos pensaban que era un robot, resulta que era una mujer con pincel. ¡Sorpresa!”. Así podría empezar esta historia que primero nos indignó, luego nos confundió y finalmente a muchos nos hizo aplaudir de pie.
Un poco de contexto: Nil Ojeda es un creador de contenido, con casi cinco millones de seguidores solo en Youtube y con una empresa, MilfShakes, que se dedica a vender ropa. Sacó una línea de productos hechos por “IA” y, lo que parecía una simple provocación más en el vertedero de la creatividad digital, terminó siendo una de las campañas más jugosas del año. Bienvenidos al DROP 023 de MilfShakes, donde la “IA” no es inteligencia artificial, sino un grupo de mujeres que, literalmente, se llaman Ia.
Todo comenzó con un anuncio sin muchas florituras: “Arte hecho por IA”. Cuatro cuadros, subasta abierta y ninguna explicación. En este mundo dónde escupimos antes de pensar, cientos de opinólogos saltaron a degüello: que si esto no es arte, que si la IA está matando la creatividad, que si nos vamos a quedar sin trabajo y sin alma. Predecible, sí. Hasta aquí, todo predecible. La indignación siempre cotiza alto en redes. “Arden las redes”, dicen algunos. Lo que no sabían es que se estaban tragando un anzuelo más grande que un titular de “Sálvame Deluxe”, porque los cuadros no estaban hechos por algoritmos, sino por cuatro artistas reales llamadas IA Barba, IA Dolçet, IA García e IA Ruiz. Sí, con DNI y todo.
La IA era carne, hueso y acuarela. Nil Ojeda, ese Houdini de la generación Z, convirtió una falsa polémica en un golpe maestro de narrativa de marca. No vendió cuadros, vendió una idea. Mejor dicho, vendió una ilusión, la envolvió en debate y la remató con un giro de guión.
La acción fue impecable. La fase 1 consistió en lanzar el producto con ambigüedad calculada. La fase 2, en dejar que el debate fermentase en las redes. La fase 3 se centró en revelar la verdad y quedar como genio incomprendido. Mientras los expertos se desgañitaban explicando por qué la IA deshumaniza el arte, Ojeda y su equipo ya estaban escribiendo la segunda parte del guión: “El arte importa más por quién lo hace que por cómo se hace”. Y creo que aquí está el detalle más perverso (y brillante): el odio inicial era parte del plan. Porque sí, el valor no es el objeto en sí, sino todo lo que le envuelve y lo que el propietario del arte interpreta. Te puede gustar el cuadro o no, pero si crees que lo ha hecho una IA, lo miras con lupa y si sabes que lo ha pintado una señora llamada Ia, lo ves con respeto.
MilfShakes reventó el debate entre creatividad humana y máquina y evidenció algo más jugoso: lo fácil que es manipular la percepción pública con un par de palabras bien elegidas. Todo esto por 9.650 euros y cuatro cuadros. No es solo marketing. Es semiótica pop con tintes de performance. Es Duchamp vendiendo un urinario como escultura en versión TikTok. Es una burla fina al purismo artístico y una lección de branding disfrazada de broma.
¿Y las Ias? Ellas pintaron, cobraron, y vieron cómo sus nombres se convertían en trending topic. ¿Y el público? Picó, opinó, se indignó y aplaudió. Como debe ser. ¿Y el arte? Bueno, eso ya es otro debate. Pero al menos por esta vez, lo que parecía una “inteligencia artificial” resultó tener mucha, pero que mucha, inteligencia humana.
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