La innovación social, frente al reto del envejecimiento

A MAIORES

El Imserso analiza en su primer dossier temático los grandes desafíos demográficos y sociales

La mayoría de los abusos sufridos por las personas mayores ocurren en el entorno familiar.
La mayoría de los abusos sufridos por las personas mayores ocurren en el entorno familiar. | La Región

El maltrato a las personas mayores es, según los expertos, la “epidemia silenciosa” del siglo XXI. El Centro de Documentación del Imserso ha publicado un dossier de investigación que no solo cataloga las agresiones, sino que profundiza en las raíces estructurales que permiten que miles de ciudadanos vivan situaciones de abuso en la impunidad de sus hogares. El informe pone de manifiesto que el envejecimiento de la población, sumado a una falta de recursos de apoyo a las familias, está generando escenarios de vulnerabilidad extrema.

A diferencia de otras formas de violencia, el maltrato hacia el mayor presenta una complejidad única: el vínculo afectivo. El documento detalla que la mayoría de los abusos ocurren en el entorno familiar, donde la víctima depende física y emocionalmente de su agresor. Esta relación de poder crea una barrera de silencio casi infranqueable; el miedo a la soledad, el temor a ser trasladado a una residencia o el instinto de proteger a un hijo o cónyuge impiden que gran parte de los casos lleguen a los tribunales o a los servicios sociales.

El análisis técnico del Imserso trasciende la agresión física para situar el foco en formas de violencia mucho más sutiles pero igualmente devastadoras. El maltrato psicológico, por ejemplo, se identifica como el más prevalente, manifestándose a través del aislamiento social, las amenazas de abandono y la descalificación constante. El informe advierte que estas prácticas anulan la autoestima del mayor, provocando estados depresivos que a menudo se confunden con el deterioro propio de la edad, ocultando así la verdadera causa del sufrimiento.

Por otro lado, la negligencia ocupa un lugar central en el estudio. El dossier distingue entre la negligencia intencionada y aquella que surge de la incapacidad del cuidador. En España, el modelo de cuidados recae mayoritariamente en la familia, y el informe señala que el “estrés del cuidador” -cuando una persona asume sin ayuda la atención de un dependiente las 24 horas- es el precursor directo de muchos casos de maltrato por omisión, donde se descuidan la higiene, la alimentación o la correcta administración de fármacos.

Despersonalización

Uno de los apartados más extensos del dossier trata sobre el abuso patrimonial. Los datos sugieren que la apropiación indebida de bienes, el uso de la pensión para fines ajenos al bienestar del mayor y la presión para realizar donaciones o cambios en testamentos son prácticas alarmantemente comunes. El Imserso subraya que esta desposesión económica es una forma de violencia que priva al anciano de su capacidad de decidir sobre su propia vida y lo condena a una dependencia absoluta.

En el ámbito institucional, el informe también es crítico. Se analiza cómo ciertos protocolos en hospitales y residencias pueden derivar en maltrato sistémico. El uso innecesario de contenciones físicas o químicas, la falta de intimidad en el aseo y la ausencia de actividades que fomenten la autonomía cognitiva son ejemplos de cómo el sistema, en ocasiones, despoja al individuo de su dignidad para facilitar la gestión administrativa o logística de los centros.

El dossier del Imserso concluye con una llamada a la acción coordinada. La detección precoz es la piedra angular para revertir esta situación. Se propone una formación especializada para los profesionales de Atención Primaria, quienes están en una posición privilegiada para observar signos de alerta como la deshidratación, la desatención médica o cambios bruscos en el comportamiento del anciano durante las visitas domiciliarias.

Para erradicar esta problemática, el informe insiste en que no basta con medidas punitivas; es necesaria una transformación cultural que combata el “edadismo” (la discriminación por edad). La sociedad debe dejar de ver a las personas mayores como sujetos pasivos de cuidados para reconocerlos como ciudadanos con plenos derechos.

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