Un mal uso de las redes sociales puede causar depresión en menores
EL PELIGRO TECNOLÓGICO
Un estudio universitario asocia el riesgo por el “uso problemático” y no por el tiempo conectados a las redes sociales, que pueden causar depresión en los menores
Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche señala que el uso intensivo de redes sociales en adolescentes menores de 16 años “se asocia con un aumento de los síntomas depresivos”. La investigación, publicada en Scientific Reports, indica que esta relación cambia con la edad, ya que la capacidad para navegar en estas plataformas de forma “menos vulnerable” se consolida progresivamente durante el desarrollo.
Según el trabajo, “a los 16 años, el uso de las redes sociales deja de asociarse con el aumento de los síntomas depresivos que sí se observa en etapas más tempranas”, lo que sitúa esa edad como un punto de inflexión en el impacto emocional de estas herramientas digitales.
Los resultados también apuntan a que el verdadero riesgo no se encuentra en el tiempo que los adolescentes pasan conectados, sino en el denominado “uso problemático”, caracterizado por “la pérdida de control y los sentimientos de necesidad por conectarse”. De acuerdo con el responsable del estudio, Daniel Lloret, este patrón influye más en la salud mental que el número de horas frente a la pantalla: “No poder ejecutar tus planes porque el impulso de las redes te domina es la clave”.
Los investigadores analizan además el efecto del número de seguidores y detectan diferencias según el género. En las chicas, tener más seguidores se asocia con mayores síntomas depresivos, mientras que en los chicos el efecto aparece como neutro o ligeramente protector. La primera autora del estudio, María Blanquer, sugiere que esta relación podría vincularse con la presión por la validación social o la exposición estética.
El estudio también observa que los jóvenes con mayor vulnerabilidad emocional resultan más susceptibles a que el uso problemático de las redes intensifique su malestar. Ante estos resultados, los autores advierten de que entregar un teléfono inteligente sin educación previa puede resultar “arriesgado” y defienden la necesidad de formar a los jóvenes en el uso responsable de las redes. También reclaman mayor responsabilidad de las plataformas tecnológicas y “transparencia real” en el funcionamiento de sus algoritmos.
Los investigadores subrayan que la protección de los adolescentes no depende solo de limitar el acceso a las redes. Consideran clave combinar educación digital, supervisión familiar y detección de vulnerabilidades. También señalan la importancia de enseñar a los jóvenes a gestionar su exposición en internet, comprender la privacidad y desarrollar habilidades para relacionarse de forma saludable en el entorno digital.
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