(mal)Vivir de la literatura

Una semana después de que Gonzalo Torrente Malvido diera a conocer su situación personal muchas personas se han interesado por su caso. Sin embargo, las instituciones públicas no acaban de buscar una solución.

La situación de Gonzalo Torrente Malvido ha suscitado en la última semana un gran interés tanto por su persona, como por sus obras.

Héctor Díaz. Madrid
Publicado: 03 oct 2010 - 09:50 Actualizado: 10 feb 2014 - 23:44

Son muchos a los que les duele la situación del primogénito de Torrente Ballester pero pocas las instituciones que se han mostrado dispuestas a buscar una solución. Pero no se queja. A nadie culpa y a nadie le reprocha nada. Al contrario, de su testimonio surgen palabras de agradecimiento para todos aquellos que le han ayudado. Como José Menor, un ourensano que se preocupa desde hace años para que tenga lo que necesita. O como Musa, ciudadano argelino con veinte años de residencia en España que también está pendiente de él.

La celebración del centenario de su padre en esta situación le duele especialmente porque cree que es la persona que mejor puede hablar sobre él. El libro que escribió sobre Torrente Ballester, 'La saga/fuga de GTB', hace tiempo que no se puede encontrar en las librerías. No es el único, de sus doce libros no hay ni rastro en las estanterías. Pese a todo sigue escribiendo, constante y disciplinado. Se mueve por Madrid con su inseparable cuaderno de mano en el que vuelca las ideas según van surgiendo.

El sol del otoño es un buen aliado para buscar nuevas historias por las calles de Madrid o para encontrar esa idea que le falta a su último libro 'Epílogo para la isla del tesoro'. Ha escrito ya dos terceras partes y tan sólo le queda la última parte, unas 100 páginas que son en las que está trabajando actualmente.

En los últimos días, algunos medios de comunicación han empezado a interesarse por su situación. También le han llamado para proponerle dar alguna conferencia sobre su padre coincidiendo con en el centenario de su nacimiento. Se muestra dispuesto y orgulloso de ello porque reconoce que fue el único hijo que heredó la capacidad de contar historias de Torrente Ballester.

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