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CIBERDELITOS
La cofra se eleva a 5.474 menores si se atiende a los datos contabilizados desde 2018. Además hay que hay que sumar numerosos casos silenciados.
Las autoridades ponen el foco en prácticas muy dañinas que se suelen iniciar como si fueran bromas. Es el caso de las ultrafalsificaciones o deepfakes y que suponen la comisión de un delito al hacer uso de la cara, el cuerpo o también la voz de un persona sin su consentimiento para recrear, frecuentemente, simulaciones sexuales o vejatorias.
La difusión de estos montajes se hace a través de grupos de chats o a través de redes sociales. Pero otro circuito en el que pueden acabar esas escenas, simuladas y perfeccionadas gracias a la inteligencia artificial, es la industria del porno que tanto daño hace a cada vez más menores. Cabe insistir en que los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a tener garantizada su intimidad, honor y propia imagen en el ámbito digital y por eso regulaciones como la Ley Orgánica de Protección integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI) a nivel nacional y la Ley de Servicios Digitales (DSA) a nivel europeo, se suman proyectos de ley que abordan nuevos desafíos en los entornos digitales, como los contenidos sexuales creados con IA. La tipificación como delito de las ultrafalsificaciones o el grooming (el engaño a un menor haciéndose pasar por otra persona, sobre todo en términos de edad) los convierten en agravantes para ciertos delitos sexuales.
“Usar la IA para desnudarse no es excepcional”
Los menores ven pornografía y escenas violentas a edades muy tempranas. Así lo denuncia Juan Salom, cybersecurity advisor del Grupo Armora, que conoce bien la relación de los adolescentes con las nuevas tecnologías. El porno lo ven como normal y se inician sexualmente en ese contexto. “Usan la IA para desnudarse unos a otros, pero no detectan que sea un delito”, asegura, para protegerlos “sólo cabe recurrir a la educación”. Las consecuencias del fácil acceso a estos contenidos se traduce en un perfil de ciberdelincuente sexual cada vez más joven, ”sólo hace falta fijarse en cómo ha bajado la edad de los detenidos por distribución de pornografía”.
“La maldad existe y en los entornos digitales también”
La “banalidad del mal” -concepto atribuido a la filósofa Hannah Arendt- provoca que algunos adolescentes “se comporten motivados por un egoísmo con el que pueden destrozar con normalidad a otra persona, incuídos sus padres”, explica Estévez. Asegura que “fallamos los adultos, porque no les obligamos a asumir la repercusión de sus actos”. Cuando están expuestos a violencia y pornografía en internet y sienten que no se combate, “se insensibilizan”. Estévez prefiere hablar de egoísmo y no de maldad, pero “son conceptos próximos, que se acercan mucho, “porque la crueldad existe y en los entornos digitales también”.
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