Evelio Traba
LEER ES UN PLACER
Viaje al corazón de lo invisible
LEER ES UN PLACER
Total razón tenía Marguerite Yourcenar en esa página de su “Alexis o el tratado del inútil combate” donde nos dice tajante y lacónica: “Toda felicidad es inocencia”. Llevo años rumiando esa frase en ciertos momentos donde el desengaño se convierte en el resultado inevitable de toda experiencia.
Hay siempre mecanismos siniestros y sutiles que no vemos, ya sea por ignorancia o por autocompasión, y que terminan dando forma a la realidad. No se trata de pesimismo, es más bien una intuición directamente conectada con la naturaleza humana: los verdaderos intereses, las motivaciones auténticas, por lo general discurren en la sombra de lo que no se ve. Pero uno necesita confirmaciones iluminadoras; y yo, recientemente he tenido una: haber pasado un par de semanas en el interior de las 538 páginas de “Personaje secundario” (Trama, 2025) del veterano y sapientísimo editor Enrique Murillo.
El editor octogenario va contra todo quijotismo editorial
Aquí el editor octogenario va contra todo quijotismo editorial; el del autor iluso que cree en el respeto ajeno a su talento, y que da por hecho que una vez impreso el libro, el triunfo está garantizado. Las dosis de realidad a lo largo de todo el texto son incontables.
Murillo lo dice a las claras con unas u otras palabras a lo largo del texto: la mafia de tinta y papel es tan mafia como el resto de las mafias. Hay organigramas y juegos de poder en la sombra que deciden qué se publica y qué permanecerá condenado a la intrascendencia por más que acuda en auxilio del autor el bálsamo adormecedor de la autopublicación. Nadie que aspire a convertir la vocación literaria en un modus vivendi debería ignorar los más de cuarenta años de experiencia que encierra este texto donde se mezclan la autobiografía, la confesión, el ensayo y la sociología del arte.
Hay momentos de puro deleite donde quien lee no sabe si echarse a reír o secarse las lágrimas con una servilleta de bar: la precarización del oficio editor y traductor quedan aquí desmenuzadas con una transparencia aterradora; los reportes de royalties de los autores es tal vez el elemento más controversial y que peor parado queda a lo largo de todo el relato confesional.
Aquí Enrique Murillo desenmascara la idea santurrona de que un editor sobrepone casi siempre la calidad literaria a los beneficios financieros. Nos convence con anécdotas y nombres concretos, de que es exactamente al revés. En “Personaje secundario” quedan desenmascarados los grandes premios, donde incluso mucho antes de publicarse la convocatoria, el o los ganadores ya tienen nombre. A pesar de esta realidad descarnada y sin filtros, al final de la obra se advierte un cierto optimismo enfocado en la labor de las editoriales independientes, contaminadas en mucha menor medida de intereses extra literarios.
Me ha fascinado ver al final del libro lo que parecería ser una marca de impresor, y que reza citando a Shakespeare: “Señor, Señor, la de cosas que hemos visto”.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Evelio Traba
LEER ES UN PLACER
Viaje al corazón de lo invisible
Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Paz de Augsburgo
LITERATURA ARTIFICIAL
Thélyson Orélien, el escritor señalado por apelar a la IA
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: jueves, 24 de septiembre
Lo último
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Ana de Bande a todo gas
SEXTA PROVINCIA CON MENOS INVERSIÓN
Ourense se sitúa a la cola de España en atracción de inversión extranjera