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La población desea que se cierre el caso de 'Motse' para pasar página
Hace ocho años, cuando un profresor nuevo llegaba al Instituto de Viana, lo primero que hacían sus compañeros lo primero era señalar hacia los terrenos próximos a la torre del castillo y plantear una misma interrogante: '¿Sabes qué pasó allí?'. Si la respuesta era negativa, los docentes veteranos del centro explicaban al novato que en ese lugar apareció una joven muerta y que su causante aún no había sido localizado. Lo apuntó Luis Fernández, el actual director del Carlos Casares, a cuya plantilla se incorporó un año después de que se cometiese el homicidio perpetrado en el 2001. En estos momentos, el centro docente está en el extremo opuesto de la localidad y un hombre de 29 años, Manuel Mouriño Faria, originario de Viana y con domicilio en Ibiza, está en prisión tras reconocer que él fue quien acabó con la vida de aquella joven, Montserrat Martínez Fernández.
Los vianeses son casi unánimes al afirmar que su detención fue recibida con 'alivio'. Sin embargo, matizan que la tranquilidad no será total hasta que los agentes de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil realicen las detenciones que aún están pendientes y den por cerrado el caso.
Es difícil convivir con un homicida y más cuando la relación se prolonga durante nueve años. En una ciudad es distinto, ya se habría olvidado. En una población pequeña, acontecimientos como los vividos en el 2001 son difíciles de borrar de la memoria. Viana tiene 3.382 habitantes, según dice el Instituto Nacional de Estadíastica. Los suficientes para que 'lo bueno y lo malo se viva mucho más', según comentó Luis Fernández.
PEDIR EXPLICACIONES
Durante los primeros años que la población pasó sin Montse muchos vecinos e incluso parientes de la fallecida fueron 'subidos al patíbulo' de los culpables por los rumores. Aunque el homicida confeso estuvo siempre en la diana de los investigadores, no fue el único en ser blanco de las sospechas de la población. Una vez conocido el presunto autor de la muerte de la joven, no faltan quienes ahora exigen explicaciones a quienes hablaron mal de ellos.
Un empresario local, que prefirió mantenerse en el anonimato, mostró ayer su preocupación ante el ambiente enrarecido que observa en el pueblo, tras casi una década de incertidumbre. Cree que la localidad debe pasar página, algo que le está costando debido al tiempo transcurrido. Tampoco ayuda que este concello vuelva a andar de boca en boca por una muerte. A modo de explicación, indicó que recientemente fue parado por la Guardia Civil de Tráfico y que al indicar a los agentes que se dirigía hacia su pueblo, uno de ellos le respondía que en estos días se está hablando mucho de Viana. 'No me gustó nada. Me causó una mala sensación', dijo.
Son muchos, los que subrayan la necesidad de que se vuelva a hablar del concello por sus atractivos y no por un homicidio. Uno de ellos es Herminio González, que hace nueve años atendía la parroquia de la víctima: Santa Mariña de Froxais. 'Nos hiere que se hable de Viana por esos hechos', apuntó.
Sin embargo, en estos días, la crónica de sucesos acapara los comentarios de la villa. En la peluquería, en el bar, en los corrillos de la Praza Maior. Por todos los rincones, los vecinos abordan un caso que algún día creyeron que quedaría sin resolver. Y cuando aún recuerdan el carácter del detenido, poco dado al diálogo, dicen, todavía el temor se asoma claramente a sus ojos.
La generosidad de los vecinos cría telarañas en un banco
La detención de Manuel Mouriño permitió erradicar las muchas dudas que surgieron en Viana en torno al verdadero interés de la Justicia en resolver el caso. Los escasos recursos de la familia llevaron a muchos vecinos a barajar la posibilidad de que no recibiese el mismo tratamiento como el que obtendría si la víctima perteneciese a una familia con mucho dinero.
La detención puso sobre la mesa el carácter democrático de la Justicia que, al menos en esta ocasión, se olvidó de la falta de medios económicos del matrimonio y se puso la funda de trabajo para resolverlo.
Los limitados recursos económicos de la familia fueron los que, precisamente, acabaron dividiéndola y con las relaciones rotas. Las discrepancias se produjeron en el momento en que tocó decidir el destino que debía darse a los casi 30.000 euros que, procedentes de aportaciones anónimas, fueron recogidos para apoyar la investigación. Esta situación, la lamentaba un pariente de Montse.
En estos momentos, el dinero genera telarañas en una entidad crediticia, bajo la vigilancia del Concello de Viana, cuyo asentimiento es obligado para poder retirarlo.
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