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10.500 HECTÁREAS CALCINADAS
Los valdeorreses difícilmente olvidarán julio de 2022. A mediados de mes, el fuego que provocó el rayo de una tormenta seca en un monte de Riodolas (Carballeda de Valdeorras) arrasaba 10.500 hectáreas de monte y docenas de construcciones de Carballeda, O Barco y Rubiá. Uno de los lugares más afectados fue A Veiga de Cascallá, una pequeña aldea de Rubiá de 61 habitantes. Uno de sus vecinos, Antonio Moncalvo, de 84 años, lleva un mes sachando alrededor de su vivienda y “quitando la madera por si viene el fuego”. Lo comenta su hija, Sabela, quien asegura que al llegar estas fechas “uno tiene el miedo en el cuerpo”.
No es la única. Otra vecina de esta aldea de Rubiá, Concepción García, coincide en señalar que los sucesos de hace dos años ya forman parte de la memoria de las gentes de A Veiga de Cascallá. “Cómo imos olvidalo!”, comenta. A ella, el fuego le llevó una casa. Fueron muchos los que perdieron con las llamas. José Pérez no vio arder alguna construcción de su propiedad, a él el fuego le llevó el trabajo de varios años. “Tenía olivos y empezaban a dar aceitunas. El fuego lo fastidió todo”, dice.
Difícilmente se repetirán las circunstancias que favorecieron que las llamas saltasen de árbol en árbol y de casa en casa a una gran velocidad. En todo caso, la espesa maleza que crece en las proximidades de la aldea de Rubiá vuelve a llevar el temor al cuerpo de sus vecinos.
“Como salte una chispa, arde otra vez”, comenta José Pérez. A su vez, Concepción García recuerda que “antes estaba todo de patacas e leitugas. Agora quen traballa? Nós temos unhas patacas e son as únicas”, dijo, refiriéndose a un abandono del monte que no es exclusivo de la aldea de A Veiga de Cascallá.
Las cicatrices dejadas por las llamas aún son palpables en distintos puntos del núcleo. Recorriendo sus calles pueden verse ruinas de construcciones destruidas por las llamas entre casas habitadas y el barrio más castigado por el fuego convertido en una explanada de grava.
Aquí, los restos fueron retirados del lugar, en tanto que a escasa distancia, podía verse todavía el andamiaje de alguna vivienda cuyos propietarios optaron por su restauración.
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