Beni Basalo, guardián del repique de las campanas de Viana do Bolo

PATRIMONIO OURENSANO

Las manos de Beni Basalo han devuelto la voz a las campanas de Viana do Bolo. Desde niño, el sonido despertó su curiosidad y hoy es uno de los pocos campaneros que mantienen viva esta tradición, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial.

Viana do Bolo vuelve a escuchar el toque manual de campanas gracias a este vecino.
Viana do Bolo vuelve a escuchar el toque manual de campanas gracias a este vecino.

Cada vez quedan menos campaneros en España, hombres y mujeres que mantienen vivo un oficio ligado a la memoria y a la identidad de nuestros pueblos. En Viana do Bolo, esa tradición tiene en Beni Basalo Afonso, de 37 años, a uno de sus jóvenes guardianes. Sus manos hacen sonar las campanas de Viana y de otras iglesias vecinas, manteniendo vivo un lenguaje que durante siglos marcó el ritmo de la vida.

El toque manual de campanas español es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2022. Para Beni, formar parte de esta tradición supone “un orgullo”, especialmente por pertenecer a un colectivo cada vez más reducido, pero que considera “necesario” para garantizar su continuidad. Una tradición centenaria que, como explica, “ha ejercido y sigue ejerciendo una función religiosa, pero también comunitaria”, porque el sonido de las campanas no solo acompaña las celebraciones, sino que durante generaciones ha servido para anunciar, reunir, avisar y acompañar a los vecinos en momentos de gran importancia.

Su relación con las campanas comenzó hace casi tres décadas, en 1997

Su relación con las campanas comenzó hace casi tres décadas, en 1997, cuando acudía los domingos a la parroquia para preparar la primera comunión. Desde muy pequeño, aquel sonido despertó su curiosidad y, con tan solo nueve años, el entonces párroco de Viana do Bolo, don Manuel, le enseñó a tocar las campanas. “Él sabía repicarlas muy bien”, recuerda Beni.

Sus primeros toques fueron desde la entrada de la iglesia, accionando las campanas a través de una cadena. Pero pronto dio el siguiente paso: “Al poco tiempo ya subía solo al campanario para hacerlas repicar cada domingo anunciando la celebración de la misa”, recuerda.

Beni continuó haciendo sonar las campanas de la parroquia vianesa hasta los 18 años. Fue entonces cuando la tecnología cambió la tradición: el toque se automatizó y, desde ese momento, nadie volvió a subir al campanario para hacerlas repicar a mano.

La situación cambió hace dos años, con la llegada de un nuevo párroco. Un día, Beni lo vio subir al campanario para tocar las campanas y aquel gesto despertó de nuevo una vieja inquietud. Fue entonces cuando le propuso recuperar el toque manual y se ofreció a encargarse de hacerlo sonar los domingos y en otras fechas señaladas.

Beni Basalo, junto a una de las campanas que hace sonar.
Beni Basalo, junto a una de las campanas que hace sonar.

Un amplio repertorio

Según explica Beni, los toques que interpreta habitualmente son los de domingo o fiesta, el de procesión, el de difuntos y el conocido como Tentenublado, un toque tradicional que se utilizaba para ahuyentar las tormentas. Pero el repertorio es mucho más amplio. Existen también toques específicos para alertar de incendios o para convocar asambleas vecinales en las aldeas. Precisamente, Beni continúa ampliando sus conocimientos y aprendiendo algunos de estos toques gracias a Sinos de Bronce, un grupo de campaneros de Galicia que organiza encuentros en distintos campanarios para compartir y enseñar este lenguaje sonoro.

Este joven vianés destaca la importancia de preservar y transmitir la tradición del toque manual de campanas, especialmente entre las nuevas generaciones. Por ello, considera fundamental organizar talleres y actividades que permitan tanto a jóvenes como a mayores acercarse a este oficio y, si lo desean, aprender a tocar un instrumento “con tanta historia e importancia en nuestros pueblos”.

Algo más que religión

Beni lamenta que, para muchos jóvenes, las campanas se hayan convertido únicamente en un elemento ligado a las celebraciones religiosas, desconociendo el papel fundamental que desempeñaron durante siglos como auténtico medio de comunicación en las comunidades rurales.

“Creo que las nuevas generaciones no son conocedoras de la importancia histórica que tuvieron las campanas hasta hace relativamente poco tiempo”, explica. Su sonido servía para mucho más que anunciar una misa: era la forma de alertar a los vecinos ante un incendio, de “chamar a concello” en las aldeas, de comunicar el fallecimiento de un vecino y de transmitir otros avisos que, en una época sin los medios de comunicación actuales, resultaban esenciales para la vida en comunidad. “Eran nuestro medio de comunicación”, resume Beni.

Confiesa que, últimamente, son muchos los vecinos que se acercan para felicitarlo y agradecerle su labor. Asegura que le transmiten que el sonido de las campanas ha cambiado desde que recuperó el toque manual, muy diferente al repique robotizado que se escuchaba hasta hace poco.

“Siempre me dicen que les alegro las mañanas del domingo”, cuenta Beni con satisfacción. Una frase que, para él, resume el valor de recuperar una tradición que no sólo forma parte del patrimonio de Viana do Bolo, sino también de los recuerdos y de la vida cotidiana de sus vecinos.

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