La reconstrucción de Viana do Bolo, en pausa: vecinos a la espera del peritaje de los daños

Las riadas dejan A Bouza y Pradocabalos cubiertas de barro y escombros, con vecinos a la espera de ayuda y peritaciones tras una devastación sin precedentes en Viana do Bolo.

Imagen aérea de A Bouza. Al fondo el cauce por el que arroyó el agua, mezclada con barro, troncos  y piedras.
Imagen aérea de A Bouza. Al fondo el cauce por el que arroyó el agua, mezclada con barro, troncos y piedras. | Dronegal

Silencio. Devastación y tristeza. Eso es lo que albergan las calles de A Bouza y Pradocabalos, las aldeas más castigadas por las riadas que arrasaron Viana do Bolo el pasado miércoles.

Donde hace apenas unos días había huertas cuidadas, vehículos aparcados y vecinos entregados a su rutina cotidiana, hoy solo se levantan montañas de barro, piedras, troncos y escombros. El estruendo de la riada ha dejado paso a un silencio sobrecogedor, apenas interrumpido por las conversaciones entre vecinos, los testimonios a los medios de comunicación y la llegada de algunos visitantes de otras aldeas que se acercan para contemplar, con incredulidad, la magnitud de unos daños difíciles de asumir.

Las viviendas están marcadas por la altura que alcanzó el agua. Algunas calles permanecen intransitables y numerosos bajos, bodegas y garajes siguen anegados por el lodo. Coches sepultados, muros derrumbados y caminos desaparecidos forman parte de un paisaje irreconocible para unos vecinos que aún intentan asimilar lo sucedido.

Viana do Bolo, cruzada por el torrente de agua, en fotos a vista de dron
Viana do Bolo, cruzada por el torrente de agua, en fotos a vista de dron | Dronegal

Continúan a la espera de la llegada de los peritos de las aseguradoras, prevista, confían, para la jornada de este lunes. La demora está ralentizando las labores de limpieza, la retirada de vehículos y la reconstrucción de algunas estructuras dañadas, prolongando una situación que impide a muchos vecinos “seguir coa nosa vida”.

“Estamos á espera das aseguradoras, pero é necesario retirar os escombros canto antes”, señalaba el alcalde del municipio, Germán García-Ávila, insistiendo en la urgencia de agilizar los trabajos para devolver unas condiciones mínimas de habitabilidad a las aldeas afectadas.

Las calles prácticamente intransitables. En algunos puntos, las acumulaciones de barro, piedras, troncos y restos arrastrados por la riada alcanzan varios metros de altura. La situación resulta especialmente complicada para una población envejecida, ya que buena parte de los vecinos son personas de avanzada edad que tienen dificultades para desplazarse entre los escombros o acceder con seguridad a sus viviendas.

A Bouza, arrasada, reclama ayuda cuatro días después de la riada, en fotos
A Bouza, arrasada, reclama ayuda cuatro días después de la riada, en fotos | Cristina Clavería

Los riesgos son ya una realidad. Según relatan los propios residentes, uno de los vecinos sufrió una caída en los últimos días mientras trataba de moverse por una de las calles, aunque, afortunadamente, las lesiones fueron de carácter leve. Un incidente que refleja las dificultades a las que se enfrentan durante estos días.

Impotencia

La sensación de impotencia es compartida. Muchos aseguran que jamás habían visto algo semejante. Otros recuerdan que el miedo se apoderó de ellos cuando comprobaron que la corriente avanzaba sin control.

A Bouza, arrasada, reclama ayuda cuatro días después de la riada, en fotos
A Bouza, arrasada, reclama ayuda cuatro días después de la riada, en fotos | Cristina Clavería

Así lo relata un vecino de A Bouza que reside en la parte alta de la aldea, una zona que apenas resultó afectada por la riada. Ante la intensidad de las precipitaciones, decidió bajar hasta la parte baja del pueblo para comprobar el estado de una finca que, precisamente, se había inundado una semana antes.

Al encontrarse con el desastre, el miedo se apoderó de él. Regresó apresuradamente a su vivienda para coger el teléfono y tratar de contactar con sus vecinos, preocupado por su situación y por saber si se encontraban a salvo, ya que el agua, el barro y los escombros hacían imposible llegar hasta sus casas. Durante unos minutos de enorme angustia, la incertidumbre fue total, mientras intentaba localizar a quienes permanecían aislados al otro lado de una aldea convertida de repente en un escenario irreconocible.

Fincas destrozadas tras desbordarse el río en Pradocabalos.
Fincas destrozadas tras desbordarse el río en Pradocabalos. | Xesús Fariñas

El testimonio de Luisa, vecina de Pradocabalos, es igualmente sobrecogedor. Recorre las calles de la aldea llevando comida a los animales que han sobrevivido a la riada, mientras rememora entre lágrimas los momentos de angustia. Cuenta que el agua irrumpió con tal violencia que tuvo que sujetar con todas sus fuerzas la mano de su marido para evitar que la corriente se lo llevara. “Pensei que non volvía a velo nunca”, confiesa emocionada, todavía incapaz de asimilar lo ocurrido. Sus palabras reflejan el miedo y la impotencia de quienes vieron cómo, en cuestión de minutos, la violencia del agua transformaba sus hogares y amenazaba sus vidas.

Mientras esperan que las máquinas continúen abriendo paso entre toneladas de barro y escombros, saben que la recuperación será lenta. Lo que más costará reparar será la sensación de vulnerabilidad que sufren. Hoy, entre el silencio, el cansancio y la incertidumbre, los vecinos solo piden ayuda, rapidez y que lo ocurrido no caiga en el olvido cuando desaparezcan las cámaras y regresen las lluvias.

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