Inés Rodríguez, el telar más innovador
VIDA
Lo que comenzó como un paréntesis vital en 2017 acabó dando forma a un proyecto que hoy combina tradición, investigación e innovación textil. Por eso acaba de convertirse en la primera española en ganar el Premio Europeo de Textil y Artesanía. Tras dejar temporalmente su trabajo como funcionaria, Inés Rodríguez retomó su formación en tejidos y, casi de manera inesperada, empezó a colaborar con diseñadores y marcas hasta consolidar su taller. Su trayectoria ha crecido de forma orgánica, pasando de trabajar para otras empresas a desarrollar diseños propios, con una clara apuesta por la sostenibilidad y la experimentación con nuevos materiales.
Asentado en el rural gallego, su estudio reivindica el valor del trabajo artesanal al tiempo que lo proyecta hacia el futuro. A través de tejidos hechos a mano, pero también de fibras innovadoras y procesos de investigación, su trabajo explora la convivencia entre lo tradicional y lo contemporáneo. El resultado es una propuesta que pone en valor el saber hacer textil.
Pregunta. ¿Cuál es el origen de Rir & Co?
Respuesta. El taller nació en 2017. Yo soy funcionaria en excedencia y en un parón vital por una circunstancia personal, como ya tenía formación previa relacionada con los textiles que había realizado en Canarias con el antropólogo Juan Cruz, decidí retomar la formación y poco a poco, un poco de casualidad, fueron llegando proyectos en la Madrid Fashion Week en 2016 y fui continuando, cogiendo más de excedencia hasta que en 2017 se creó la empresa. A partir de ahí, hasta hoy en día, el proyecto fue creciendo, empecé trabajando para otras empresas de moda, diseñadores, de cocina, pequeños proyectos que pedían cosas sostenibles y diferentes hasta que después empecé a incorporar también mis propios diseños. En este caso más hacia la decoración porque las empresas para las que trabajaba casi todas eran de moda y para no hacer una competencia desleal. Empecé con el estudio en Allariz, fui abriendo la tienda y a partir de ahí me fui dirigiendo más hacia la decoración, que es la parte más potente hoy en día, las mantas, cojines... Y también sigo con los proyectos a medida trabajando para clientes que piden proyectos diferenciados o de alta calidad.
P. El pilar central de su trabajo son los tejidos hechos a mano.
Sí, el taller se caracteriza exclusivamente por hacer tejidos hechos a mano. No sabemos qué va a pasar de ahora en adelante, pero hasta ahora el fuerte del diseño es el diseño textil, sobre todo diseñar, pensar y crear ese tejido de una manera que luego se confecciona a mano. Y esa es la fortaleza del taller; sobre todo, el conocimiento de las fibras, de todas las técnicas textiles, o la mayoría, que puedan ser aplicadas en el telar. Ahora también empiezo un proyecto artístico, entonces las otras técnicas, las de bordado y otro tipo de técnicas también se aplican a proyectos más experimentales o más artísticos. Porque el diseño exige que el cliente pueda utilizarlo y ahí hay una serie de premisas cuando haces investigación en otro tipo de tejidos. Porque es diferente un diseño que se hace para un textil que se va a usar, a un diseño que se hace para un textil que a lo mejor va a estar expuesto o simplemente es un proyecto de investigación y lo que nos interesa son otras cosas. Y eso todo se hace en el estudio. Unas cosas se ven más, otras se ven menos, pero se hace todo en el estudio.
P. Y dentro de todo este trabajo de artesanía, ¿qué papel ocupa la innovación?
R. Dentro de este proyecto de investigación textil, que es lo que a mí más me gusta, y de diseño de nuevos tejidos, a la hora de diferenciarte en el estudio era interesante dirigirte hacia dónde querías mostrar el trabajo. A mí me interesa mucho siempre la combinación de la tradición y de la innovación, por esta dualidad de mezclar cosas y hacer cosas diferentes. También me interesaba mucho la sostenibilidad. En 2018 empecé a trabajar en la búsqueda de tejidos sostenibles y biodegradables y que aportasen un valor diferente también a la artesanía. Mantener las técnicas pero evolucionar con los materiales. Y en ese proceso estuve testeando y buscando distintos materiales a los que pudiera acceder desde una empresa pequeñita y en el rural, como estamos, Tras mucha búsqueda y mucha prueba, apareció la fibra de proteína láctea. Ya había empezado también en 2016 con un proyecto de investigación en un centro en Barcelona y fue cuando hice el primer tejido con fibra óptica. Esa parte estuvo siempre desde el inicio, no de una manera tan comercial como ahora con la manta, porque ha sido un recorrido de varios años, pero ha estado siempre desde el inicio. El tejido de fibra óptica lo tenemos desde el 2016. Hace ya 10 años que empezó todo esto y la manta empezó en 2018. La innovación y todo esto es un recorrido largo. Tienes que seguir trabajando en otras cosas que lleguen a los clientes más accesibles hasta conseguir el logro. Yo creo que también por esto el premio, por normalizar que un producto como la manta de fibra de proteína láctea, que es un producto muy innovador, llegue al mercado de una forma normalizada y que la gente lo acepte, lo valore y repita. Ese es el gran logro, que un producto nuevo, hecho de manera artesanal y con un material muy innovador sea aceptado por el público y tenga una buena acogida por el cliente final. Y esto es lo más complicado.
P. ¿El futuro del textil tiene que pasar por la sostenibilidad?
R. Yo creo que sí. Para mí sí. Y creo que para la sociedad y para el mundo también es necesario. Creo que cada vez la gente se interesa más por cómo le repercute en la salud la ropa que lleva, por cómo nos rodeamos de cosas que pueden o no pueden tener microplásticos, en este caso para los bebés o para personas que su salud esté afectada. Cada vez más la sociedad, sobre todo las nuevas generaciones, la gente que va viniendo joven, es cada vez más consciente del impacto que genera en ellos y en el medio ambiente. Así que creo que inevitablemente tenemos que pasar por la sostenibilidad en cuanto a fibras y sobre todo el beneficio que tiene en nuestra salud, que es muy importante.
P. ¿Y de qué forma conviven innovación y artesanía?
R. Creo que es uno de los mayores logros del estudio y, en mi caso, de mi trabajo, que convivan de una manera diaria, que al final sea una innovación que llegue realmente a las personas. Porque muchas veces la tradición se pierde y es un problema, porque es una fuente de conocimiento importantísima. Se pierde porque no hay relevo generacional o porque conceptualizamos la artesanía de una manera que no es la adecuada. La artesanía es una fuente de conocimiento de materiales importantísima y a veces nos quedamos simplemente en una manualidad o en un mercadillo o en algo que no tiene valor y es al contrario, es un trabajo importante de concienciación de la ciudadanía. Y por otro lado, esas técnicas que puedan avanzar y unirse a nuevos materiales y que tú puedas utilizar ese producto de calidad en tu día a día, con este beneficio que estábamos hablando antes, para tu salud y para tu bienestar es fundamental y creo que es la innovación real. A veces en las empresas muy grandes trabajan mucho en innovación y en investigación, pero luego no llega al ciudadano y eso es lo que a mí me parece peor, porque es una pérdida de conocimiento y también una pérdida para la sociedad. Por eso, fusionarlos, aunque sea de manera artesanal, me encantaría que fuese mucho más amplio, pero el estudio es el modelo de negocio que tiene. Ahora estamos buscando que esto pueda crecer y que nuestras mantas puedan llegar a más público.
P. ¿Y por qué el rural? ¿Qué le aporta al proyecto?
R. En principio fue una opción de vida, que me aportaba calidad de vida y coherencia. Si estamos apostando por una innovación sostenible, el rural es mucho más sostenible o por lo menos está más cerca de la naturaleza que en una ciudad. Los valores que tenía el rural también eran los valores que tenía yo misma y que tenía el trabajo en el estudio. La sostenibilidad, la inspiración natural, la tradición, el apostar por la tradición y por la innovación. El proyecto tenía todo el sentido en el rural, que tiene mucho futuro y mucha calidad de vida. Coincide plenamente con lo que el estudio busca, que es mejorar la calidad de vida de las personas manteniendo la naturaleza y el medio ambiente cuidado y que las personas puedan tener una calidad de vida digna con nuestros productos, puedan disfrutarlos.
P. En 2023 recibió el premio Nacional de Artesanía y ahora el Premio Europeo de Textil y Artesanía. ¿Qué supone esto para usted?
R. Primero, es un orgullo como diseñadora. A todos nos gusta que valoren nuestro trabajo. Luego, la visibilización del estudio, ver que es posible otro tipo de artesanía, que se puede trabajar con honestidad, con proyectos sostenibles que llegan al público general. Y la visibilización también de otra manera de artesanía, más contemporánea, accesible pero con productos únicos, con conciencia, con honestidad. Además, la visibilidad del potencial de las fibras para la industria, que una empresa se pueda fijar en que estamos haciendo un proyecto pequeño que puede ser grande para colaborar. Tiene muchísimas ventajas. Indudablemente un premio siempre te abre mucha visibilidad al mundo y muy agradecida de que lo hayan tenido en cuenta. Además, es la primera empresa en España, en Galicia. Todo esto va sumando. En cuanto al Premio Nacional de Artesanía, fue un impulso muy grande y creo que también para el sector, porque el textil dentro de la artesanía precisamente se visibiliza poco. Creo que la industria nos hace mucha sombra y colaborar y poder trabajar conjuntamente sería también un proyecto a futuro.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
PLANES EN OURENSE
Agenda | ¿Qué hacer en Ourense hoy, domingo 12 de abril?
Jaime Noguerol
EL ÁNGULO INVERSO
El último dandy
OCUPACIONES "CREATIVAS"
Jácome declaró 212.000 euros de ingresos en la renta solo en el primer año como alcalde
Jesús Prieto Guijo
De Naranjito a Chiño