La Región
Dejemos huellas bonitas
¿Cuántas veces habrán llorado las olas del mar por nosotros? Sí. Allí. Junto a esos abruptos acantilados o esas bellísimas playas de arena, con las que tanto soñamos. El sonido del agua es demasiado armonioso para intuirlo como un llanto. Pero algún mensaje de tristeza nos debe llegar a la orilla desde las abismales e inéditas profundidades marinas. La bondad en el mundo se nos muere irremediablemente.
Existía una cuarta parte de ella al otro lado de los océanos, pero la hemos arruinado. Hemos jugado con ella a la ruleta rusa, a cambio de la avaricia y el poder. Ahora, una de las fuerzas más poderosas de la faz de la tierra siente lástima por nuestra desfachatez y nos puede ajustar las cuentas, en nombre del implacable ritmo biológico de la vida.
El mar tiñe sus lágrimas del más puro azul marino por la involución de esos seres que un día salieron de sus entrañas; pero aún no se sabe si hacia la evolución o involución.
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