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Amigos y amigas:
Todas las iglesias son un recinto que invita al descanso, y a la reflexión y a la oración. Con frecuencia, antes de mi primera obligación-devoción diaria, paso unos minutos en un oasis: en la capilla de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, en la plaza de Las Mercedes, en Ourense,
El convento es un edificio de estilo barroco, caracterizado por su fachada pétrea del siglo XVII, coronada por una alta espadaña. El interior de la capilla convida a la interiorización y contemplación. Siempre en ella encuentro alguna persona recogida. Preside siempre una artística custodia con el Santísimo y, a sus pies, una religiosa adorando. El silencio, la clausura y la vida de oración envuelven el ambiente.
Todos los días las religiosas celebran la eucaristía y la liturgia de las horas; rezan el rosario y hacen lectura espiritual, con la presencia de los fieles que quieran participar. Las necesidades de la Iglesia y de la humanidad están presentes en la vida de oración, sacrificio y entrega de las monjas. Aquí se respiran himnos sinceros, que vinculan la tierra con los cielos. Aquí se percibe el Evangelio. Aquí sentirás que te asomas al Eterno. Aquí te viene espontáneo exclamar: Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos; bendiga Ourense al Señor.
La clausura no aísla del mundo a las religiosas, sino que las pone en el corazón de la Iglesia y de toda la humanidad. De aquí salgo, también en invierno, con el corazón caliente. Y por la rúa do Paxaro me encamino a mi primera obligación-devoción, después de haberme topado con el letrero: “Mientras esperas a que llegue, sigue pasando frente a ti”. Y me pregunto si no habré pasado yo frente a Él, al entrar en la capilla del convento de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada.
Amigos y amigas, desde las 7 a las 14 y desde las 17 a las 20 horas, si queréis descansar del ajetreo laboral, podéis hacerlo en este reconfortante oasis. Os resultará espontáneo exclamar: Aguas de las Burgas, bendecid al Señor; corrientes del Miño y de todos sus afluentes, bendecid al Señor. Y toda vuestra persona se sentirá mucho mejor.
Adolfo Requejo Rodríguez
(Ourense)
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