Nature boy

Me he resistido a escribir sobre esto porque me toca de cerca y a nadie le gustan las necrológicas. Y también pensé que si no lo escribía bien podría molestar a personas que quiero. Ojalá no sea así. Esta crónica me toca ya digo, demasiado cerca. Es sobre un chaval jovencísimo, guapo, simpático y talentoso al que conocí. Se murió en un trágico y fatal accidente de tráfico, o sea que le tocó esa siniestra y mala suerte de todos los días.

Cuando se muere alguien mayor y en mi familia que es muy grande hay muchos casos constantemente, es como si no nos importara. Ya está. Es así. Lo aceptamos con resignación. Era mayor, decimos. Pero cuando se muere alguien tan joven es diferente, es horrible, inesperado y cruel. Dios no es bueno.

Se llamaba Daniel, como aquel que una vez echaron a los leones para que lo devoraran y sin embargo los amansó. Daniel y los leones, vuelvan a leer la historia.

En cierta ocasión, él tendría diez u once años, le pasé un libro mío para que lo leyera y me dijera qué le parecía pues yo quería la opinión de un crío de su edad. El libro se titulaba "La noche con Shere Khan" y era una novela de fantasía y aventuras. Después de leerla Daniel me llamó por teléfono para decirme que le había gustado mucho, pero que no había entendido bien un capítulo titulado "El Puente del Bimbaro". Más concretamente no había entendido cómo era el puente. Yo pensaba que lo había escrito de una forma bastante descriptiva y clara, pero a él no se lo pareció. El puente era una escalera helicolidal con tres accesos (una triple hélice), que partían de las riberas de tres ríos en un estuario y se elevaban hasta confluir en una única plataforma central a gran altura. Como conozco a sus padres y el ambiente cultural y familiar de su casa ya que estuve allí a menudo y además soy padrino de su hermana, le dije: Dani ¿sabes como es una hélice de ADN? ¡Claro! contestó sin dudarlo, y recuerden ustedes que solo tenía once años entonces. Yo repliqué: pues el puente es algo parecido, chico. ¡Genial! respondió él!, voy a volver a leer el capítulo. Ok, Víctor. Y colgó.

Se dice que Dios siempre se lleva a los mejores y debe de ser cierto. Al menos en este caso lo fue.

A raíz de la muerte de Dani releí "Una pena observada" de C.S.Lewis. Sé que no tiene nada que ver con él, pero sí con nuestro sentimiento del duelo. Y hay una frase en ese libro que dice así: "Se cree a veces que los muertos nos están mirando. Y pensamos que si nos miran, lo harán con mayor claridad." 

No soy creyente pero seguro que Dani nos está mirando ahora, con aquella sonrisa suya socarrona y feliz. "Nature boy", revisen la letra de esa canción de Nat King Cole, please.