Habermas

Publicado: 16 mar 2026 - 02:10
Opinión en La Región
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La muerte del filósofo alemán Jügen Habermas deja a la democracia sin una de sus voces más firmes y autorizadas en el peor momento posible: cuando amenaza con destruirla una oscura concatenación de fuerzas reaccionarias, estulticia política de las fuerzas sistémicas y desistimiento de una parte creciente del cuerpo electoral. Una situación inquietante, similar a la que en 1933 acabó con la Republica de Weimar, la llegada de los nazis al poder y la destrucción de Europa, de la democracia y de los fundamentos de la civilización.

En el peor momento de la crisis financiera de 2008, con los buitres del capitalismo salvaje trasladando a la gente común la factura de sus desmanes, los hombres de negro interviniendo naciones soberanas y los gobiernos democráticos paralizados ante los feroces poderes financieros, algunos incluso actuando como mayordomos de estos y, con excepciones como Grecia, entregados a la causa general de los bancos contra los ciudadanos, para que aquellos recuperaran sin menoscabo y contra toda lógica sus pérdidas por las deudas incobrables provocadas con su política crediticia insensata, aventurera e irresponsable, Habermas denunció que Europa estaba “cerca de asumir con todo descaro que la democracia es un mero decorado”.

El austericidio y los recortes que arruinaron a la gente en la crisis financiera de 2010 eran un dogma de fe del capitalismo ultra-liberal

Su voz sonó con fuerza contra aquella crisis/estafa de un capitalismo feroz y ya sin careta, que rechazaba cualquier legitimidad reguladora de los gobiernos democráticos.

No ha cambiado mucho desde entonces, si bien es cierto que en la crisis del covid Europa pareció aprender de los errores de 2008 y cambió de rumbo.

El austericidio y los recortes que arruinaron a la gente en la crisis financiera de 2008 eran un dogma de fe del capitalismo ultra-liberal, pero no la única política posible: había otra forma más justa de salir de la crisis.

Frente a aquel modelo de una Europa dividida, enfrentada e insolidaria, y unos mercados implacables que acosaron a los Estados soberanos y empobrecieron a sus ciudadanos, en la crisis de 2020 Europa apostó, con éxito, por una salida social a las devastadoras consecuencias económicas y sociales de la pandemia y de la guerra de Ucrania: más Europa, más Estado y más regulación de la economía, más intervención pública para corregir las disfunciones o los abusos del mercado, deuda pública mancomunada, más gasto público, mayor progresividad fiscal, más políticas verdes y de transición energética, más unidad política de la UE, más solidaridad y mayor apuesta contra la desigualdad. En definitiva, “tanto mercado como sea posible, pero tanto Estado como sea necesario”, el modelo que alentó el pacto de postguerra entre socialdemócratas y liberales por el que se creó la sociedad del bienestar, se desarrolló el sistema de estado social y democrático de derecho y se articuló con decisión la cooperación política, económica y legislativa entre estados que ha generado el periodo de paz más largo de la historia de Europa.

Hoy, en un mundo de locos, fanáticos y criminales que vuelven a considerar las normas, la regulación y el derecho como “un mero decorado”, ese modelo vuelve a estar en peligro y hacen falta con urgencia muchos más Habermas que acallen los cantos de sirena de los agentes del desastre e iluminen otra vez el camino de la democracia, fuera de cuyos límites solo existe el abismo y la barbarie .

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