Obituario | María Lourdes Labrador, madre entregada y docente ejemplar
El esfuerzo es la clave del éxito”. Era la frase que María Lourdes Labrador repetía casi constantemente a sus cinco hijos desde la niñez y bajo la que construyó, junto a su marido Manuel Blanco Pérez, las raíces de una familia con valores sustentados en la cultura del esfuerzo. Ese esfuerzo que la llevó a convertirse durante más de 35 años en maestra ejemplar, como así la recuerdan sus alumnos, y que inspiró a varias generaciones de macedanos. Llevaba la docencia en el corazón, sabía sacar lo mejor de cada uno, instruir desde el cariño y justamente fue ese saber hacer lo que la llevó a ser recordada como una de las mejores directoras del Grupo Escolar Cardenal Quiroga en Maceda.
Profesora de vocación, recta y trabajadora, que “destacaba por su inteligencia” -reconocía ayer su hijo el doctor Manuel Blanco Labrador-, y que a sus 96 años tenía siempre una claridad de juicio “envidiable”. Con un lado artístico que trasladó a su hijo menor, que le sirvió para convertirse en destacado arquitecto, mantuvo siempre viva esa creatividad y espíritu vivaz que le permitía contagiar de alegría a todo el que la conocía.
Con esfuerzo y dedicación construyó una de las familias que forman parte de la historia médica de Ourense, con dos de sus hijos, los doctores Blanco Labrador, que mantienen hoy en día vivo el legado de su padre, el médico de Maceda Manuel Blanco. Conocido como el médico de los pobres, su esposo y fiel compañero caminó de la mano de su esposa hasta el año pasado, formando una pareja recordada e incluso homenajeada cuando decidieron poner fin a sus carreras y jubilarse para empezar una segunda vida juntos. Manuel Blanco la guió a lo largo de una vida dichosa casi hasta el final, y gracias a esa complicidad entre ambos, consiguieron sacar adelante una familia tan numerosa como exitosa.
Sus dos hijas farmacéuticas también siguen la estela de una mujer fuerte y decidida que destacaba por su carácter sencillo y humano. Férrea católica y con las ideas muy claras, educó y enseñó siempre desde la honradez de una mujer fuerte que se sintió afortunada hasta el final de sus días, afortunada de la vida y afortunada de estar acompañada por una familia a la que amaba sobre todas las cosas, hijos, hijos políticos, nietos y hermana. El recuerdo de María Lourdes siempre iluminará Maceda.n
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