Y tú más

Publicado: 08 jun 2026 - 02:10
Opinión en La Región
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Subía esta semana Pedro Sánchez al estrado del Congreso de los Diputados para lanzar a los cuatro vientos un ejercicio festivo en lugar de un acto de contrición. “tres imputados en el PSOE, frente a los 200 sentenciados del PP”, alardeaba el presidente, demostrando que aprobó económicas sin saber sumar.

Claro, lo malo de andar removiendo en el cajón de sastre es que puede acabar convirtiéndose en el cajón de la mierda, y es que no hay nada más arriesgado que echar mano al pasado, porque la edad recuerda que los viejos pecados proyectan las sombras más largas. Nada que extrañar en un partido nacido en 1879, el socialista, frente al conservador fundado en 1989. Más de un siglo da para hacer de todo.

Pero dejando muy al margen cuestiones como la financiación ilegal del PSOE con el caso Flick y la cantidad de casos de corrupción desde la época democrática, parece olvidarse siempre la más demoledora, indecente y criminal; una en la que ningún otro partido ha llegado a conseguir superar: la creación desde el Gobierno de Felipe González del grupo terrorista GAL. Algo inaudito en cualquier democracia.

Por ello conviene evaluar antes que nada la realidad de la corrupción en España que, aunque da para escribir una enciclopedia del tamaño del libro gordo de Petete, conviene pasar por encima para ubicar la realidad del país.

Precisamente de esa cuestión se trata. Que podría llegarse a un techo inaceptable para una ciudadanía que, a día de hoy, es rehén de un “y tú más”.

El Partido Popular fue condenado a pagar 246.000 eurosa “título lucrativo”, una figura que no significa que obtuviera ningún beneficio, sino que los condenados estaban afiliados al partido. Como si a alguien lo condenan a pagar la luna del escaparate a “título lucrativo”, no porque obtuviera ningún beneficio por romper el cristal, sino porque se lo cargó su hijo con un balón.

Lo que no convierte a los populares en beneficiarios de ninguna corrupción, sino en perjudicados por ella, porque no funcionaba en toda España, sino en Valencia y Madrid, de manos del nexo corruptor, Francisco Correa. El saldo original fue de nueve condenados por la Gürtel de Boadilla.

Nada distinto a la trama del caso Koldo, en la que el nexo corruptor, Aldama, enredó a Koldo y Ábalos.

Dejando al margen que la Fiscalía Anticorrupción ha advertido que se pueden producir nuevas detenciones, en este momento, además de José Luis Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán, Víctor de Aldama, Antxón Alonso, Isabel Pardo de Vera y Javier Herrero, hay hasta 14 empresarios, exdirectivos y antiguos altos cargos públicos imputados. Un récord que aún puede despuntar.

Por supuesto, también hubo un caso “hermanísimo” con anterioridad. El de Juan Guerra, hermano de Alfonso Guerra, que se saldó con la dimisión del entonces vicepresidente del Gobierno, lo que no amaga ni de lejos que vaya a pasar ahora.

Precisamente de esa cuestión se trata. Que podría llegarse a un techo inaceptable para una ciudadanía que, a día de hoy, es rehén de un “y tú más”. Porque de un tiempo a esta parte, la responsabilidad de los partidos se ha diluido en la ambición y un maremagno de corrupción, en el que, lejos del compromiso, la carga de fondo para ocupar la poltrona se limita a la pedrada.

Y la pregunta que todos los ciudadanos se hacen es: “¿En qué va a cambiar el panorama si hay un nuevo Gobierno?”. ¿Quizá, en que cambie los nombres de los corruptos, o las siglas de la podredumbre? Porque más que una duda, la corrupción en España se ha consolidado ya como una expectativa, en la que la porra se centra en quién, cuántos, cuáles y cuánto van a arrebatar a la ciudadanía. Es hasta para preguntarse cómo las casas de apuestas no han empezado a explotar el filón.

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