Los restaurantes de Ourense prefieren darse un tiempo para evitar el “efecto terrazas"

Desescalada en Ourense

Más de 6.000 trabajadores esperan la reactivación de un sector que abrirá en la fase 2 a medias, con dudas y casi sin reservas

Ambiente de las terrazas, ayer por la tarde, en céntrica calle del Paseo de la ciudad. (Foto: Martiño Pinal)
Ambiente de las terrazas, ayer por la tarde, en céntrica calle del Paseo de la ciudad. (Foto: Martiño Pinal)

La restauración de Ourense se pone a punto para empezar a reabrir sus puertas de forma gradual pero una gran parte prefiere esperar unos días para evitar tanto las aglomeraciones del cambio de fase, un "efecto terrazas", como un posible efecto contrario, por falta de demanda. Algunos darán el paso, otros optarán por cerrar hasta que se pueda abrir al 100% y muchos irán estudiando las circunstancias según se mueva la calle. Las imágenes de las terrazas en los primeros días de la fase 1 y la sensación de "irresponsabilidad" que ha calado en parte de la sociedad echa atrás a muchos. "Tengo claro que el lunes no abriré, vamos a esperar", apunta Pablo Otero, del bodegón Antiga Leitería de la ciudad. "No voy a abrir hasta que me permitan el 100%, con 40 mesas no puedo vivir", señalan desde el restaurante Outarelo, uno de los que esperará.

Puesta a punto

Algunos están ya preparando las puertas para dar el paso. "Estamos preparando todo, separando las mesas, colocando los geles, y lo vamos a intentar, de momento demanda no hay mucha, a ver cómo sale", explica David Rodríguez, gerente del Pazo de Canedo. Ha decidido abrir el martes.

Ourense 19/5/20 Limpieza pazo de Canedo para su próxima apertura ,David Rodríguez,Ana María Preotu  Fotos Martiño Pinal
Ourense 19/5/20 Limpieza pazo de Canedo para su próxima apertura ,David Rodríguez,Ana María Preotu Fotos Martiño Pinal

"En esta fase solo se permitía terraza y no lo veía claro, había muchos factores, comer en terraza no es lo mismo que tomarse una caña". Sacará a los 7 de la plantilla que están en ERTE. "Si hay demanda contrataremos eventuales", explica. La demanda no abunda: "Te va llamando gente, pero no es una locura". También la Adega das Caldas o Baysha van a abrir, aunque también dejando un margen, "hacia el jueves". Ese día también abrirá, por ejemplo, el restaurante Plaza, en Pereiro de Aguiar.

La restricción de aforo en la fase 2 es del 40%. Hay incertidumbre. No saben si los clientes darán el paso y si las medidas serán respetadas. Algunos prefieren la cautela que arriesgarse a una mala imagen como se vio en alguna terraza.

Un sector clave

En la provincia hay más de 6.000 personas que dependen de los servicios de comidas y bebidas, casi un 7% de los afiliados a la Seguridad Social que hay en la actualidad. La inmensa mayoría de trabajadores se encuentra sometido a un ERTE, mientras los propietarios, en muchas ocasiones, no saben qué hacer. "Estamos cerrados pero ahora no hay gastos elevados, a lo mejor si abrimos los gastos se disparan, no sabemos si la gente dará el paso", explica Diego González Bóveda, gerente del Gastro-bar Sanmiguel. En su caso, van a esperar, "dos o tres semanas, para ver las sensaciones de la calle. Somos optimistas, tenemos espacio para transmitir seguridad a los clientes, pero no sabemos aún si habrá demanda. Tenemos la maquinaria lista, podríamos abrir en tres o cuatro días si quisiéramos ".

El Peregrinus dará el paso, quizás a finales de la semana que viene. "Íbamos a abrir el lunes, pero vamos a pintar y hacer algunas cosas y abriremos el 1 de junio o algo antes. Lo que tenemos claro es que no subirán los precios", indica Álex Gutiérrez, socio de Peregrinus.

Las imágenes vistas en los primeros días en las terrazas,, echan para atrás a algunos. "Puede ser que la gente no se comporte, y el restaurante será el que tenga la culpa, son muchos contras y pocos pros", reflexiona Carlos Doval, propietario de A Palleira. Al ser un sitio pequeño solo podría tener cuatro mesas: "No acabo de ver claras las medidas, no puedes ir a comer y que todo te recuerde a la enfermedad. A ver si hacia julio aflojan las medidas".

El Casco Vello, dudoso

En el Casco Vello, José González, de Atarazana, llama a la cautela: "En los cambios de fase hemos visto que la gente está deseosa y sale en masa, por lo que es mejor esperar, hay un sector de clientes que no es responsable. En el Casco Vello va a ser más complicado, es un sitio estrecho y la gente irá a las afueras. En mi caso, esperaré". González también pide a la gente que "evite ejercer de policía de balcón y grabar. Hay algún hostelero irresponsables, pero no es justo empezar a difundir vídeos, que nos dañan a todos".

O Pepiño, con dos locales en Allariz y uno en la ciudad, todavía no abrirá, dice Anxo Quintana: "Temos unha estratexia conxunta, os locais de Allariz afrontan agora a súa temporada alta e na cidade é unha temporada baixa. Todo o que fagamos será gradual. Non abriremos inmediatamente, hai moito que repensar, non só en clave de seguridade, senón de cambiar o modelo. A hostalería tal como a coñeciamos vai cambiar".

¿Por qué unos abren y otros no? Las respuestas

¿Por qué algunos no abren?

Cautela. Miedo a malas conductas, por un lado, y temor a lo contrario, que no haya nadie. "El peor 'enemigo' a veces es el cliente habitual, al que cuesta más decirle que hay una serie de restricciones. Y no somos policías", explica José González, de Atarazana. "En la hostelería hay alcohol, y ya sabemos que a veces no hay control. La gente puede hacer fotos del alguna mala actitud y eso genera una publicidad malísima", dice Carlos Doval, de A Palleira. "Hay algún cliente irresponsable, y eso asusta", añade González. "Ahora todo se sube a las redes, por eso hay que apelar a la calma y esperar", dicen en la Antiga Leitería. Los cambios de fase causan temores. Abren sitios grandes como el Pazo de Canedo, "el aforo no es problema, hay espacio, pero con incertidumbre". Otros trabajan en un replanteamiento global, como dice Anxo Quintana que prevén en los tres locales de O Pepiño: "Isto non volverá ser o que era".

¿Es el aforo un problema?

Sí, lo es para los más pequeños. "En los Vinos es un problema importante, algunos intentarán abrir, pero la mayor parte de locales tienen terrazas pequeñas y esperarán a que se pueda usar la barra", dicen en Atarazana. "Hablan de un 40%, pero si además sumas que tiene que haber dos metros entre mesas no es viable", reflexionan en A Palleira. Los más grandes no ven ahí el problema.

"El aforo no es la cuestión, sino es que no queremos contagios y la gente debe tener confianza para salir", apuntan en la Antiga Leitería. "Para nosotros no es un problema, vamos a espaciar las mesas, pero queremos ver la sensación de los clientes", dicen en Sanmiguel.

¿Qué cambios habrá?

Las cartas serán de un solo uso, digitalizadas, de acceso con códigos QR o plastificadas. Se suprimen manteles duraderos, se desinfecta al máximo cada servicio, no se coloca nada hasta que los clientes no se sienten, pero no se prevén medidas extraordinarias como mamparas, como se llegó a plantear. "No nos vamos a volver locos, lo importante es la separación", dicen en Pazo de Canedo: "Si viene una mesa de cuatro se sentará". Importante: separación de dos metros con otras mesas. "Se extremarán las precauciones", recuerdan en el Sanmiguel.

¿Hay buenas sensaciones?

Los restaurantes son optimistas. "Estoy convencido de que al abrir funcionaremos bien, estoy en contacto con los clientes y lo veo así", dicen en A Palleira. El "optimismo" es nota general, como en Sanmiguel, pero también lo es la cautela. ¿Reservas? "Tengo el teléfono desviado y muy pocas llamadas entran", confiesan.

¿Habrá cita previa?

Todo apunta a que las reservas será la tónica dominante. "Estamos pensando en hacer dos turnos de comida, para que la gente no tenga que estar esperando en la calle y sepa la hora. Estamos estudiando opciones. Iremos sobre la marcha, no sabemos cuánta demanda habrá", señalan en Peregrinus.

¿Qué harán con el personal?

Algunos recuperarán a toda la plantilla, como el Pazo de Canedo: "Antes tirábamos mucho de extras, de momento no los traeremos hasta que veamos la demanda". Casi todos tienen a la plantilla en ERTE, y eso genera un dilema: "¿Quito a algunos sí y a otros no. Uno cobrando 1.100 y otro en casa sin hacer nada cobrando 700. Puede generar conflictos", recuerdan en A Palleira.

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