La Región
Los políticos no son todos iguales
Acabo de ver Adolescencia. Es una miniserie dura que no moraliza, no señala culpables. Sólo presenta una realidad compleja, entrelazada, que nos obliga a reflexionar. A pensar en qué mundo están creciendo nuestros hijos, qué mensajes consumen, qué saben sobre la verdad de la vida, quién los acompaña, quienes son sus referentes, y quién no. A pensar, en definitiva, en lo frágil que puede llegar a ser la adolescencia… y en la dureza que puede albergar cuando no se la escucha o cuando se les intenta engañar sobre la verdad de lo que ellos son y de lo que realmente pueden llegar a ser.
Al mismo tiempo, me gustaría señalar que sí, que se puede. Es decir, que sí se pude educar bien a los adolescentes. Después de ver esa serie te quedas frío, te entra miedo pues te ves sin respuestas, sin saber qué hacer, simplemente deseas que no le pase a nadie de tu familia. Y, sin embargo, sí se puede educar bien a los adolescentes, hay muchos muy bien educados, los conozco. Quizás para eso habría que empezar contándoles la verdad de lo que son y de lo que pueden llegar a ser, sobre todo con la coherencia entre lo que decimos y hacemos. Señalarles, además, que la verdadera felicidad en esta vida se encuentra en procurar hacer felices a los demás. Si lo aliñas con la confianza, el cariño, con la paciencia, con el tiempo de dedicación y la ayuda de amigos que saben, se puede, claro que se puede.
Ernesto López-Barajas González
(Santiago de Compostela)
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