El arte de existir en el laberinto del tiempo

Publicado: 19 nov 2025 - 01:05
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

A veces olvidamos que la vida no es una línea recta, sino un laberinto que se transforma con cada decisión que tomamos. Avanzamos convencidos de que buscamos respuestas, cuando en realidad somos las preguntas que el universo formula a través de nuestra existencia. Cada paso, cada duda, cada destello de intuición es parte de un diálogo silencioso entre lo que somos y lo que el mundo espera que descubramos. Y en ese vaivén, en ese intercambio sutil entre el misterio y la conciencia, entendemos que lo esencial no se encuentra al final del camino, sino en la manera en que caminamos.

El tiempo, tan implacable como generoso, nos muestra que nada es permanente, excepto el cambio. Aquello que creemos inamovible -los sueños, las certezas, los afectos, incluso la idea que tenemos de nosotros mismos- es solo una forma provisional de un flujo que nunca se detiene. Aferrarse a lo que fue es como intentar retener el agua entre los dedos; inevitablemente se escapa, no por crueldad, sino porque la vida avanza incluso cuando nosotros dudamos.

Quizá la auténtica sabiduría no consista en conquistar el mundo a través del entendimiento, sino en aprender a escucharlo. Percibir el murmullo de lo que nace, aceptar la sombra de lo que concluye, comprender que cada instante trae consigo una invitación a despertar. Y es que la realidad no siempre se presenta como un libro abierto; a menudo llega envuelta en silencios, en vacíos, en pequeñas señales que solo se revelan a quien sabe observar.

Somos caminantes en un territorio que nunca termina de dibujarse, y es precisamente ese trazado inacabado lo que hace que la existencia sea tan profunda. Al final, no somos dueños del sentido, somos artesanos de él. Lo construimos con nuestras elecciones, con nuestros miedos, con nuestras renuncias y también con nuestras esperanzas. Cada acto, por mínimo que parezca, es un cincel que deja una huella en el mármol del tiempo.

Tal vez ahí resida el mayor secreto… que la vida no está hecha para ser resuelta como un acertijo, sino para ser vivida como una revelación constante. No estamos aquí para desentrañar el misterio, sino para experimentarlo, para permitir que nos transforme, para reconocer que, en medio de toda la incertidumbre, hay una verdad que persiste… somos parte de un universo que se pregunta por sí mismo a través de nosotros.

Y mientras sigamos preguntando, seguiremos existiendo. Y tal vez ahí radica el mayor secreto…no estamos aquí para responder al misterio, sino para vivirlo.

José Manuel Varela Mosquera

(Ourense)c

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