La Región
Soliloquio luctuoso
La vida transcurre impertérrita, segundo a segundo, como la gota de agua que, sin cesar, cae, formando estalactitas y estalágmitas dentro de algunas oquedades de la alta montaña. Después, con el paso de muchos años, son descubiertas y admiradas, por su formación artística y natural.
De la misma manera, transcurren nuestras vidas, rutinarias y con bastante laxitud mundana. No es este el caso de la belleza descrita anteriormente.
Puede que, en algún momento, una circunstancia extraordinaria ilumine desde fuera nuestra “oquedad” y nos muestre la ignorada belleza interior que poseemos, para poder disfrutarla con gozo.
¡Suerte!
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