Mucho brindis, poco colchón
Vivimos en un país donde las redes sociales nos venden vidas que nadie puede pagar y, aun así, muchos se sienten obligados a imitarlas. Un experimento con jóvenes de 18 a 24 años ha demostrado que ver a influencers bebiendo aumenta de forma significativa el deseo de alcohol frente a quienes ven las mismas escenas, pero sin copa en la mano. El “solo es una cerveza” de Instagram pesa más que cualquier campaña de prevención.
Mientras tanto, la realidad de las cuentas corrientes es bastante menos “instagramable”: el 60% de los españoles con ingresos medios o inferiores llega a fin de mes con menos de 50 euros en todas sus cuentas, y ocho de cada diez trabajadores cobran menos de 2.000 euros netos. Es decir, consumimos como si fuéramos ricos, pero ahorramos como si siempre estuviéramos al borde del abismo.
Esta aparente contradicción no lo es tanto: una economía de la precariedad combinada con una cultura de la exhibición empuja a los jóvenes a gastar en ocio, alcohol o experiencias para no sentirse excluidos, aunque su saldo bancario diga lo contrario. El mensaje de fondo es devastador: ya que no puedes construir un futuro, al menos aparenta un presente brillante.
Quizá ha llegado el momento de admitir que no basta con pedir “responsabilidad individual” mientras el negocio de la influencia fomenta hábitos de consumo insanos y la mayoría no puede ahorrar ni para una mínima red de seguridad. Es difícil hablar de educación financiera en una sociedad que convierte el like en moneda de curso casi legal. Pedimos ética y responsabilidad a las nuevas tecnologías. ¿Qué o quién lo hace con estos influenciadores?
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
En el cumple de Amancio Ortega
SERVICIO FERROVIARIO
A Gudiña recuperará un tren matinal desde el 20 de mayo
SEGUNDA SEMANA DE HUELGA HOSPITALARIA
Las huelgas sanitarias afectan a casi mil ouresanos en un día