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Siempre había pensado que pagábamos impuestos y arbitrios municipales para tener agua en el grifo, recogida de basuras, tráfico ordenado, un urbanismo no exageradamente delicuencial, árboles en las aceras; pero ahora resulta que el edil nos quiere enseñar a dar de mamar, a utilizar jeringuillas, a componer poesías, a jugar al mus, todas ellas actividades muy dignas, útiles y recreativas, pero que obviamente suponen las denominadas 'competencias impropias', ahora así denominadas, cuando las arcas están vacías.
¿Cuál es, pues, la explicación de esta voracidad competencial, de este carrusel de servicios, este tobogán de cursos, carteles y spots que nos aleccionan para que no maltratemos a los perros, respetemos a las mujeres, hablemos gallego, dancemos, hagamos deporte?
Creo tiene que ver con aquello de 'cada coronel quiere su cuartel' (sí, otra vez el refranero), pues competencias significan autoridad, personal, contratación, publicidad, presupuesto, gabelas y, sobre todo, cuando vemos las fotos en la prensa, el refranero se queda corto y hay que acudir al Eclesiastés para explicar esta proliferación de concejalías y actividades impropias: 'Vanidad de vanidades, y todo es vanidad'.
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