Cinegética y pesca

CARTAS AL DIRECTOR

Publicado: 06 jul 2026 - 04:40
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

Aunque baste con aclarar que estoy escribiendo esto desde un tren que lleva dos horas parado en el país de las maravillas, lo que me interesa en este momento no es la geografía ni la historia, sino hablar de la caza. La cinegética, vamos.

Tiene este mi pueblo en donde resido desde hace ya muchos años una sociedad de caza y pesca, denominada Azor. Zona truchera por excelencia -en sus tiempos pasados-, que la recorren tres ríos y diversos riachuelos.

Coger durante todo un día sesenta u ochenta truchas no era demasiada pescantina para un modesto pescador y los ríos del lugar daban abasto para tanto echador de cebos durmientes y otras trampas que solían emplearse. Pero poco a poco se empezó a echar alevines para mantener su supervivencia y fue peor el remedio que la enfermedad.

Recuerdo que si llevaba más de media hora sin pescar una trucha me sentaba a fumarme un cigarrillo con toda parsimonia dejando pastar libremente mi imagnación y mis sueños juveniles, y arrojaba unas piedras para cerciorarme que había truchas. Entonces al verlas huir me calmaba y les daba tiempo para seguir pescando; no tenían hambre. Había que esperar su hora. En la caza ahora desaparecida la codorniz o la perdiz que en un tiempo echaban al monte junto a la liebre y el conejo, -otro tanto de lo mismo- surge providencial cual peste fuera la figura del jabalí destrozando maizales y cambiando los hábitos de la caza en su munición y en las armas, realizándose múltiples y variadas batidas militarmente ejecutadas.

Recuerdo que un buen cazador y aficionado de otro ayuntamiento quería hacerse socio de esta sociedad para poder cazar así con sus otros amigos y el caso es que pidiéndole consejo y manera de hacerlo a un amigo común acordose empadronarlo en el ayuntamiento, requisito imprescindible para ello, y teniendo yo una casa desocupada se empadronó allí dejando mujer, hijos y otros familiares. A los cuatro o cinco meses, una vez hecho ya socio para siempre, se volvió a empadronar en su anterior municipio.Como debía de ser.

Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa. “¿Y qué podía hacer? ¿Acusarlo de saber hacer trampas mejor que yo?”, no, aprender. Ya empieza a cansar tanto jabalí en distinta forma y manera de cocción.

José Rodríguez Gómez

(Negreira)

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