La Región
Consumidores resignados
Como consumidor profano -el último eslabón de la cadena económica y comercial- no entiendo el motivo por el que una guerra (económica) entre un agresor y un agredido, distantes ambos a miles de kilómetros de nosotros -y muchos más entre ellos-, puede repercutir en el precio de la luz, cuando el motivo del conflicto bélico gira alrededor del petróleo.
En Ourense tenemos una central eléctrica a dos kilómetros de la capital provincial, cuyas turbinas pueden generar electricidad de forma permanente, dado que por el río Miño nunca deja de correr el agua. De igual forma ocurre con el embalse de Castrelo, Albarellos, San Esteban, San Pedro, As Portas, O Bao, As Conchas, Guistolas, Salas, Leboreiro y otros, por lo que toda esta energía limpia, más la eólica, no depende del petróleo para generar electricidad suficiente para muchos, o todos, los hogares e industria. Si salimos de nuestra frontera provincial, observamos cómo en otras cuencas hidrográficas, como la del Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Ebro, etc, están en idénticas circunstancias que la nuestra del Miño-Sil; además poseen grandísimas huertas solares y campos eólicos.
Todas ellas generan energía limpia, que depende de la naturaleza en vez de los hidrocarburos.
Por todo ello, no se entiende por qué la electricidad se tiene que ver afectada por una “futura” crisis en el suministro del petróleo.
Más bien suena a oportunismo de la industria del ramo que se aprovecha de una crisis, que aún está por venir, pero que mientras llega se aprovechan de los consumidores resignados.
Francisco Domínguez Martínez
(Ourense)
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