Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
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Tranquilicémonos: que aumente el juego de azar entre los jóvenes, sobre todo varones, no es un problema, es una magnífica oportunidad. En una España donde los sueldos no dan para independizarse y el esfuerzo ya no garantiza nada, siempre se puede vender la ilusión de hacerse rico desde el móvil en cinco minutos.
El dato de que uno de cada cinco estudiantes juegue presencialmente, y que el “online” dispare los casos problemáticos, no debería preocupar a nadie: al fin y al cabo, son “consumidores responsables” que dinamizan la economía del ocio. Y si algunos acaban endeudados, deprimidos o enganchados, siempre podremos organizar una campaña institucional el 17 de febrero (Día Internacional del Juego Responsable) y darnos por satisfechos.
Las casas de apuestas, por su parte, solo cumplen su papel patriótico: prometen dinero rápido a quienes no lo tendrán nunca por la vía del trabajo, llenan de publicidad los barrios más humildes y patrocinan deporte para lavar la imagen. Todo legal, todo regulado, todo en orden.
Lo verdaderamente irresponsable sería preguntarse por qué una generación entera acepta jugarse el poco futuro que tiene a una tirada de dados. Mucho mejor seguir hablando de “libertad de elección” que revisar un modelo que ofrece casinos y créditos fáciles donde debería ofrecer salarios dignos y perspectivas de vida. Total, el futuro, ¿qué importa?, a tenor de una clase política y financiera que sigue con su propia y personal apuesta.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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