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Amigos y amigas:
Durante días me acompañó, como libro de cabecera, Vida contemplativa, de Byung-Chul Han, Taurus, Barcelona, 2023. El filósofo surcoreano alemán está convencido de que Dios habla en el silencio, pero también de que no es fácil hacer silencio. Ni en el colegio ni en la universidad ni en nuestra casa nos enseñan a valorar el silencio. El ruido nos rodea por todos lados. No podemos vivir sin estar haciendo ruido: trabajar, producir, consumir… Pero nosotros sabemos que es sabio quien escucha en el silencio, sin ruido, como Francisco de Asís y san Bruno.
Byung-Chul describe muy bien nuestro mundo, que necesita con urgencia ir al rescate de lo esencial. Y lo esencial solo se puede entrever, según él, en el silencio, con el corazón despierto. Hoy vivimos tiempos en que maquillamos las apariencias con discursos grandilocuentes. Proclamamos principios éticos, redactamos leyes con fines nobles, invocamos causas justas, pronunciamos discursos ampulosos… Pero, bajo esa superficie pulida, laten las inquietudes de siempre: el uso del poder para servirnos, el desprecio por los más débiles, la hipocresía que tolera lo que condena. Pero sabemos que es sabio quien rescata lo esencial, en el silencio, como Francisco de Asís y san Bruno. El filósofo Juan Evaristo Valls Boix en su obra “El derecho de las cosas bellas” propone denunciar la tiranía del trabajo y reivindicar la pereza, como antídoto de la cultura laboral. “El gran error de nuestro tiempo es habernos enamorado del trabajo”, escribe. Nosotros sabemos que es sabio dejarse guiar por la luz interior de nuestro corazón, despreocupados del trabajo y del ruido, en silencio, como Francisco de Asís y san Bruno.
Seguimos tropezando con las piedras de siempre: el poder sin alma, el placer sin guía, el dinero sin límites. Y sabemos que esas piedras no tienen color político. Anidan en el corazón, anestesiado por el ruido del mundo. La vida humana es demasiado frágil como para caminar sin una luz interior. Urge hacer silencio y levantar la mirada y callar, como Francisco de Asís y san Bruno.
Amigas y amigos, el día 4 celebramos al “varón que tenía corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, al mínimo y dulce Francisco de Asís”. El día 6 recordamos a san Bruno, el que sabía, en vida contemplativa, callar, para los susurros de Dios, bajo las estrellas, poder escuchar.
Adolfo Requejo Rodríguez (Ourense)
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