La Región
El placer de comunicar
La noticia de que ocho de cada diez trabajadores recortan su alimentación por la pérdida de poder adquisitivo es una llamada de atención sobre la realidad que vivimos. Esta década ha traído avances tecnológicos, pero también crisis encadenadas: pandemia, guerras y tensiones internacionales que elevan precios y fragilizan cadenas de suministro, y políticas económicas que no han protegido a los más vulnerables.
Que la mayoría tenga que comer peor no es un accidente; es consecuencia de salarios estancados, inflación persistente y una política social insuficiente. Mientras algunos indicadores macroeconómicos mejoren, millones sufren una erosión del bienestar cotidiano que alimenta desigualdad y desafección.
Mires donde mires, la respuesta a “¿vivimos mejor?” depende de a quién preguntes: muchos ganan en comodidad y tecnología; demasiados pierden en seguridad económica y dignidad. Un mundo nuevo se está conformando, mientras mantenemos esquemas y modelos del pasado; la vulnerabilidad y la incertidumbre aumentan y los datos oficiales no cuentan el relato de una sociedad de bienestar.
El PIB o la cifra de paro no describen por sí solos la calidad de vida. La abstención y la pasividad política no sorprenden en una democracia incapaz de actualizarse frente a problemas reales.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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