La Región
Cuba, la pesadilla del imperialismo yanqui
“Seamos la pesadilla de quienes
pretenden arrebatarnos los sueños”
(Che Guevara).
Esa pesadilla surgió desde que tomó el poder en Cuba la Revolución comandada por Fidel Castro, que abrazaría la ideología y praxis comunista en plena Guerra Fría a mediados del siglo pasado. A 145 kilómetros de sus costas, al bastión capitalista norteamericano le sobrevino un avieso divieso sumamente rojizo y molesto. Desde entonces, la Administración de Washington ha intentado por varios métodos extirpar el forúnculo, que podría infectar a los demás países americanos, que consideraban como su patio trasero y su despensa de recursos agrícolas y minerales. EEUU primero lo intentaría a la vieja usanza, como lo hiciera, otrora, en las llamadas guerras bananeras, invadiendo la isla en bahía de Cochinos, o playa Girón en abril de 1961.
Aquellas tropas de exiliados cubanos anticastristas, apoyados y financiados por la CIA, fueron derrotados por los leales al régimen revolucionario en tres días. El Gobierno de John F. Kennedy se abstendría de fomentar aventura militar similar, para evitar un conflicto abierto con la URSS, principal aliado de Cuba, y poseedor de armamento nuclear. Desechada cualquiera solución militar, se adoptó, dada la dependencia económica de Cuba con EEUU, un bloqueo comercial mediante la Ley Helms-Burton en 1966, con el objeto de asfixiar a la propia población cubana. Un bloqueo criminal vigente, y denunciado en sedes internacionales. Así estábamos hasta llegó a la Casa Blanca el iluminado Donald Trump con su secretario de Estado, Marco Rubio, de ascendencia cubana, partidario de liquidar el régimen revolucionario cubano. Pues, empezando a descabezar la figura prominente de Raúl Castro. Se acude a la Corte Federal de Florida que acusa a Raúl Castro de asesinato de estadounidenses integrantes del grupo Hermanos al Rescate que pilotaban dos avionetas comerciales derribadas en 1996. Lo que sucedió fue que a pesar de las protestas diplomáticas de Cuba, en anteriores incursiones aéreas, éstas violaban varios artículos de la Organización de Aviación Internacional (OACI) o Convención de Chicago de 1944, denunciados ante el Departamento de Estado de EEUU y la Administración Federal de Aviación. La soberanía de un Estado de su espacio aéreo y marítimo es inviolable, y se prohíbe el uso de la aviación comercial para fines contrarios a la paz y seguridad. Aquellas avionetas surcando el espacio aéreo soberano de Cuba, sin autorización, se dedicaban a arrojar octavillas en contra del régimen cubano.
Una “performance” para atacar a Cuba, como se hizo en Venezuela, dada la frustración en Irán, y para captar el amplísimo voto cubano en las próximas elecciones de medio mandato en 2026.
Abelardo Lorenzo
(Ourense)
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