La Región
El debate de las mesas electorales
Ahora que se acerca una jornada electoral, a menudo escucho dos deseos opuestos. Entre los adultos de mi entorno, predomina el “Por favor, que no me toque”. Lo entiendo: después de toda una semana trabajando, pasarse el domingo en una mesa electoral no debe de ser el mejor de los planes, y quizá la compensación económica no les acaba de convencer. En cambio, entre mis amigas estudiantes, he escuchado más bien lo contrario: “Ojalá me toque, que ese dinero me vendría muy bien”.
Tengo veintitrés años y ahora mismo me siento más cerca de ese segundo deseo. Además del dinero, me interesa conocer cómo es una jornada electoral desde dentro: ver cómo se organiza todo, qué responsabilidades tiene cada persona y cómo se cuentan los votos. Hasta ahora, mi experiencia se limita a lo que veo por televisión y al rato que paso en el colegio electoral cuando voy a depositar la papeleta en la urna.
Seguramente, dentro de unos años, también estaré cruzando los dedos para que no me toque. Pero he de ser sincera: hoy me haría ilusión. Quizá algún día encuentre esta carta y me haga gracia haber deseado precisamente aquello que entonces querré evitar.
Alba Trullols Maldonado (Hospitalet de Llobregat)
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