Desiderata educativa

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"Educar es un reto, una ilusión, una razón de vida. Cuando educamos debemos enseñar a dudar y a ser críticos, debemos dejar que nuestros hijos y alumnos cometan sus propios errores. No olvidemos que los niños tienen un gran sentido de la verdad y la mentira, que valoran el cumplimiento de la palabra y la justicia”

(Javier Urra, psicólogo español, “El arte de educar”, Ed. La Esfera de los Libros, 3ª ed., 2006).

Siempre he sentido debilidad por los maestros. Aquellos cuya vocación despiertan la curiosidad, la imaginación creativa desde la infancia. Tuve el honor de asistir al aula de excelentes pedagogos, inspirados en la Institución Libre de Enseñanza, que se desarrolló en la etapa republicana española. Magisterio que llevaron en academias privadas, ya que fueron represaliados oficialmente, durante la dictadura de Franco. Hermosa experiencia la mía, que se truncó al pisar las aulas universitarias franquistas. La nota pedagógica era exclusivamente memorizar los apuntes del profesor de turno, sin admitir pregunta alguna. Había que “roelo e calar”. Nada de dudas, su magisterio estaba avalado por el Boletín Oficial del Estado, sin más.

Hoy quiero recordar a excelentes pedagogos, que despertaron, y aún despiertan mi curiosidad y espíritu crítico. Y lo hago en que este año se acaba de publicar, recientemente, la obra de Luis Alfonso Iglesias Huelga, “Manuel Bartolomé Cossío. El arte de educar”, Ed. Renacimiento. La exposición de la ingente labor pedagógica llevada por Cossío desde la Institución Libre de Enseñanza, y de las Misiones Pedagógicas. Un magno reto para erradicar los más de seis millones de analfabetos con que se encontró la II República en su advenimiento.

Un canto a la pedagogía krausista. La que inspiró, también, allende el Atlántico, a la insigne escritora chilena Gabriela Mistral, pedagoga en sus inicios: “Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra. Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna, y la relación de cada conocimiento con la vida”.

“Yo, señores, confieso que tengo una fe inquebrantable en el maestro. Dadme un buen maestro y él improvisará el local de la escuela sin falta, él inventará el material de enseñanza, él hará que la asistencia sea perfecta; pero dadle a su vez la consideración que merece… ” (Manuel Bartolomé Cossío). Una desiderata educativa, una invitación a la que me adhiero.

Abelardo Lorenzo

(Ourense)

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