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Diez años caminando juntos
Ha aumentado el número de padres que cundo preguntan por sus hijos en la escuela no solamente lo hacen por las “notas” sino también por el “comportamiento”. ¿Es buen compañero, es solidario, tiene buenos amigos? Educar para la solidaridad en el mundo tan individualista se ha convertido hoy en un objetivo de primera necesidad. El concepto de solidaridad ha cobrado actualidad en la discusión acerca de los valores y derechos fundamentales, de modo que une solidaridad junto con libertad y se ha convertido en el concepto clave y en el santo y seña del progreso social, del sentido del cambio estructural de la sociedad y de las relaciones internacionales. La percepción del abismo siempre creciente entre los estratos ricos y pobres en una misma sociedad (la llamada sociedad dual, o los llamados primer y cuarto mundo) plantea de modo inevitable y acuciante el problema de la solidaridad como cuestión perentoria de viabilidad de la organización social, sea a nivel interior o exterior, que garantice unos mismo para el funcionamiento y la convivencia.
La reflexión sobre esta problemática es relativamente reciente; surge con el pensamiento socialista dentro de un contexto de problemática social. El contexto ha cambiado hoy en la escuela que aparece como un micromundo de colores, de etnias, de pobres y ricos. Es un contexto en el que la solidaridad es imprescindible para poder “progresar” y sobrevivir. Se suele explicar la historia mediante las guerras, pero ¿por qué no se intenta explicar el progreso por la solidaridad entre los vencidos?
Moncho Ramos Requejo (Maceda)
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